María PINO
- 1ª Parte -
El planeta y todos sus recursos han sido históricamente explotados en nombre del progreso de la humanidad, lo que ha ocasionado un daño casi irreparable a nivel mundial y con afecciones severas a los grupos más vulnerables.
Las mujeres hemos sido, de una manera similar, históricamente oprimidas por un sistema patriarcal y capitalista. Estas opresiones han causado la respuesta de movimientos sociales importantes: el feminismo y el ecologismo. En este trabajo se busca investigar la evidente relación entre ambos: el ecofeminismo, movimiento que relaciona la opresión y dominación de todos los grupos marginados con la opresión y la dominación de la naturaleza.
Los vínculos entre feminismo y ecologismo son conocidos desde la década de los años 60 del siglo pasado. Esta unión de movimientos sociales analiza y critica el potencial destructivo de un modelo de desarrollo que concibe a la naturaleza como un recurso ilimitado que puede ser utilizado al servicio de la acumulación del capital y las diversas formas de opresión que genera dicho sistema.
Este sistema económico está organizado a partir de una lógica de acumulación de capital y de obtención de beneficios, en lugar de en una lógica de satisfacción de necesidades para toda la población. El sistema actual favorece a unos pocos a costa de la mayoría, a través de estructuras sociales, económicas y políticas que ponen la vida al servicio del capital, amenazando la supervivencia humana en el planeta. Asentado sobre el patriarcado, este sistema se sustenta en el trabajo gratuito de las mujeres, así como en el expolio de la naturaleza.
Sin embargo, estas no son las únicas relaciones desiguales provocadas por este modelo. También existe una interconexión importante entre la subyugación de las mujeres, la de las razas (*) y la de las clases oprimidas, lo que implica que el ecofeminismo no puede tratar a las mujeres como una categoría única. Las mujeres son un grupo de género dentro de cada clase y raza. Eso significa que comparten los privilegios u opresiones de su clase y raza, al mismo tiempo que son inferiorizadas como mujeres en relación con los hombres dentro de estas mismas categorías.
Pero esta desigualdad de las mujeres ante los hombres, adopta, evidentemente, formas muy diferentes según las clases y las razas a las que pertenezcan.
Un claro ejemplo de estas interacciones y su relación, es el racismo medioambiental y la lucha actual de los movimientos afroamericanos, latinos y pueblos indígenas que están, en su mayoría, encabezados por mujeres, que luchan contra los vertidos tóxicos y la contaminación que se concentra en las zonas donde viven estos grupos.
La evidencia de que las mujeres siguen siendo las más pobres entre los pobres, se pone de manifiesto con toda crudeza cuando se analiza el factor género dentro de las clases y las razas en todo el mundo. El ensayo sobre las mujeres en relación con la población mundial en el Informe sobre el Estado del Mundo 2002, lo deja claro. Dos tercios de los 876 millones de analfabetos del mundo son mujeres. En veintidós países africanos y nueve asiáticos, la tasa de escolarización de las niñas es inferior al 80 % de la de los niños. En estos países solo el 52 % de las niñas permanecen en la escuela más allá del cuarto grado y solo unas cuatro mujeres por cada mil asisten a la escuela secundaria; en el nivel terciario este porcentaje disminuye muchísimo.
Las mujeres ganan mucho menos que los hombres en todo el mundo; en promedio entre dos tercios y tres cuartos menos, aunque desempeñen el mismo puesto laboral. En muchos Estados, las mujeres siguen estando legalmente bajo la tutela de sus maridos o padres, y no tienen derecho a administrar propiedades.
Es muy claro porque la crítica y el activismo ecofeministas actúan en relación directa contra estos fenómenos de la globalización.
Estas relaciones y desafíos que muestran la complejidad del género dentro de la clase y la raza, revelan por qué el ecofeminismo se conecta con los movimientos contra el racismo ambiental y por la ecojusticia. El ecofeminismo se sitúa en un contexto global, haciendo evidente cómo estos patrones de empobrecimiento de la naturaleza y de los seres humanos emisores están interconectados en un sistema económico mundial, sesgado en beneficio de los ricos actores de la economía de mercado.
En este artículo se pretende explorar estas relaciones y también conocer las diversas soluciones que este movimiento social promueve y entenderlas como la única respuesta ética, universal y eficiente frente al monstruoso sistema capitalista patriarcal.
