Moisés Villavicencio Barras
El día 19 de marzo del año pasado, en un hospital de San Francisco, California, a sus setenta y ocho años, murió el poeta y biógrafo americano Neeli Cherkovski. Neeli publicó catorce libros de poesía y escribió las biografías de sus amigos Charles Bukowski y Lawrence Ferlinghetti.
Dentro de los libros de ensayo que publicó están Whitman’s Wild Children/ Los Hijos Salvajes de Whitman. Neeli Cherkovski obtuvo varios reconocimientos por su obra y su labor para promover la poesía.
En el año de 2005 ganó el premio literario Pen Oakland/Josephine Miles por su libro Leaning Against Time/ Apoyándose en el tiempo y en el 2017 obtuvo el premio Jack Mueller Poetry Prize. Después de su muerte aparecieron varios artículos en periódicos de circulación nacional para recordarlo: el New York Times, El San Francisco Chronicle, entre otras publicaciones importantes. El siguiente artículo es remembranza de la primera visita de Neeli Cherkovski a Oaxaca en el año de 1997, al mismo tiempo presenta tres poemas en español del poeta americano.
Visita a Oaxaca
Hicimos una presentación improvisada del libro del poeta estadounidense Neeli Cherkovski, Animal, en la biblioteca de Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. Era el año de 1997. Mi amigo y admirado Robert Valerio (recordado poeta y crítico de arte inglés, quien vivió durante un buen tiempo en Oaxaca) accedió a presentar de un día para otro el libro de Neeli. Neeli me confió leer su poema, que lleva el mismo título, “Animal”, en español, y después él lo leyó en inglés.
Guardo una foto de esa tarde bajo las buganvilias del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. En ese entonces, Fredy Aguilar era el director de la biblioteca y generosamente diseñó e imprimió carteles para promover el evento. El poema de Neeli que leí en ese entonces era la versión al español de un amigo poeta suyo. La siguiente versión es una versión mía, reciente.
Animal
Primero hablo con la recepcionista,
Y luego con la trabajadora social,
Enseguida voy a conferenciar con un estudiante de medicina
Y un supervisor
Después de cuatro sesiones de evaluación
Seré asignado a una terapeuta.
Soy un animal sin un bosque de lluvia
Y sin un río salvaje
No tengo un territorio de caza
O una cordillera montañosa
Estoy atrapado
Acorralado
Anticipo lo peor
Llamé a la agencia estatal de trabajo
Pero sólo contrataran armadillos
Y leopardos esta semana
La próxima semana entrevistarán gansos
Con más de cuatro años de experiencia
Estoy perdido
No tengo una manera de decirle esto a mi perro
Cometa salta a mis rodillas
Él probablemente piensa que soy un escritor muy exitoso
O tal vez ni siquiera imagina que soy un escritor
No soy el que compra su comida
Pero soy el que abre la lata
Cometa no puede entender la diferencia
La trabajadora social en la clínica psiquiátrica
Me preguntó cuál es el problema
Le dije que me sentía muy confundido
Hay animales extraños por todas partes
Los otros animales parecen bien adaptados para sobrevivir
Sobrevivo
Pero no bajo mis propios términos
Antes solía acechar y lanzarme sobre mi presa
Ahora ni tan siquiera me uno a la cacería
Quiero que me pongan en la lista de animales en peligro de extinción
Necesito que me protejan
Que me pongan en una reservación
Me moveré en el agua como un delfín
Tendré pensamientos oceánicos como una ballena
Planearé como un cóndor en las montañas de California
Y saltaré en el polvo de los matorrales de Ohio como un zorro rojo
Soy sólo una huella en la arena
Sólo un montón de pelusa entre las ramas de un rosal
Soy prácticamente invisible.
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Mi primer encuentro con Neeli Cherkovski fue en la biblioteca pública de Oaxaca, en el taller literario de la revista Cantera Verde. Cherkovski llego solo al taller. En esos años, el taller de la biblioteca pública era probablemente uno de los primeros talleres literarios en Oaxaca. Para los talleristas él era un poeta desconocido, Neeli se presentó en español y después nos leyó en español algunos de sus poemas.
Esa tarde en el Instituto de Artes Gráficas, leí nerviosamente el poema de Neeli. Robert Valerio leyó otros poemas de Cherkovski en español también. El público llenó el patio y participó con preguntas para el poeta. Robert Valerio tradujo todas las preguntas entre el público y Cherkovski. Días después volví a encontrar al poeta en la biblioteca del IAGO, para una entrevista breve. En realidad, yo no había leído la obra poética de Neeli. Deje que él me contara de su trabajo y su vida. En ese entonces mi dominio del idioma inglés era nulo. El poeta hizo su mejor esfuerzo para hablar en español. Ahí, me relató de sus inicios en la poesía y su amistad con varios poetas de la generación beat.
Después de emigrar a los Estados Unidos seguí en contacto con Cherkovski, algunas veces me sorprendió con una llamada telefónica para preguntarme cómo estaba y cómo estaban mis hijos. Algunas veces me enviaba nuevos poemas por correo electrónico. Hice versiones al español de varios de sus poemas; sin pedirle, Neeli me enviaba pagos en cheque por hacer las versiones. Intentaba ayudarme. Neeli era un poeta preocupado por los problemas sociales que afectan el mundo y me contó que cuando escribió el poema “Las mujeres de ciudad Juárez”, pensó en una amiga.
LAS MUJERES DE CIUDAD JUÁREZ
ella saca un sol perro del cielo
seguido por un jaguar,
dime qué tan lejos
están los sueños, qué tan al alcance de las manos
camiones jadeantes por los caminos
cargan petróleo desde terrenos abundantes
y dime al mismo tiempo que saltas
acerca de las mujeres, pero habla con un suave temblor
en las banquetas llenas de sangre
y rinde homenaje al trabajo
de aquellos que aman la lluvia
Vengo hacia ti desde la multitud
mujer ancestral, desde muy lejos
pero al mismo tiempo tan cerca
Toco tus labios mientras el medio día
nos deja mareados, dime, siempre, ¿Cómo
te derribaron? ¿Qué palabras cayeron de sus bocas?
habla con los hombres que manejan las plantas de azúcar
los que son dueños de condominios
en las colinas de lugares lejanos, y qué tan cerca están
las esquinas rabiosas, ¿qué tan cerca están las mujeres
solas bajo la luz de la calle? vivas en la estrella muerta,
solas en la casa de las lámparas,
habla en el micrófono, se veloz, calma a los hombres
con tus palabras, bebe su mezcal, come sus platillos,
y déjalos discutir acerca de las altas y bajas de la democracia,
déjalos a sus salarios, concédeles el tiempo para pensar,
guarda a las mujeres para el sueño que aprieta antes de que las distancias brillen
y crezcan cerca, habla con él, murmura en su oído ¿Dónde está Rosa?
¿Quién se llevó a María?
¿Cuándo regresará la mujer que trabaja el barro?
Carla este es mi poema nuevo, lo escribí esta mañana
para que tú tal vez escuches mis palabras
en tu ciudad montañosa rodeada de cóndores,
tal vez debo murmurar las palabras, aunque no sea apropiado,
los sueños tristes de las mujeres que ya no están,
la baladista perdida y aquellas que caminan hacia el abismo solas
rodeadas de estrellas
¿Qué tipo de asesinos arcaicos aparecen
en nombre del perro y el gato?
“justicia para las mujeres asesinadas”
dice un papel clavado en el poste
al final del camino que lleva a lo implacable,
¿Cuántas más tienen que desaparecer?
¿Qué es una frontera?
¿De quién esa sombra que cruza las persianas
cerradas del pueblo? Imagino una calle de comerciantes
abriendo sus negocios, vendemos sábanas de la India
y el ahorcamiento de las emociones de una república
picoteada por el águila, DETENGAN LA VIOLENCIA
EN CONTRA DE LAS MUJERES y sal de tu martirio,
encuentra a los perpetradores
que alzan sus manos en contra de tus hijas,
las madres, tus hermanas, tus sombras
y los cuerpos envueltos en tus cuerpos
dame una corona de laureles para ponerla
en las escaleras de la biblioteca, vine aquí y les entregué
una canción, realmente, ahora ya no estoy,
visto una blusa y collares,
llevo lápiz labial y maquillaje,
no soy tuyo
ellos vienen a matarte, están
tan lejos y tan cerca, ellos se esconden en sus colonias,
contratan guardias para sus hijos,
ellos pisan tus huesos rotos,
golpean con sus pies tus ojos
¿qué canción es la que ellos cantan?
ellos cantan sobre la sierra y
los arroyos secos, y duermen
de manera profunda toda la noche.
