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LECTURAS PARA LA VIDA: Morir en la mina

segunda-portada
Foto(s): Cortesía
Redacción

Gregorio Melgar Valdés

Segunda de tres partes

Luego de un rato que le di vueltas en la cabeza y buscando la razón del sueño, me volví a dormir; y ahí te digo, que el sueño me siguió, en el mismo lugar que se quedó cuando desperté.

Así continuó hasta el amanecer, es de esos sueños que te siguen y te siguen y tú quieres bajarte de él pero no puedes hacerlo, no te puedes deshacer de las escenas y llega un momento que no sabes si es sueño o la realidad.

-Cuenta, tal vez así lo espantemos y no te vuelve a molestar. También a veces a mí me ha pasado, yo sueño a mi madre que ya se fue, ¡pero vamos, cuéntame el tuyo que ahora es lo que importa! -le dijo la joven.


-No puedo ver su cara, pero sé que lo conozco y es un familiar; llegué a pensar que sería mi padre. Esta sombra me llevó, me jaló desde la calle al tiro de la mina vieja, y de pronto allí estaba parado frente al gran socavón. Estábamos a la entrada de la mina, cuando me di cuenta que iba en busca de mi padre; que como recordarás, murió hace años dentro, en sus entrañas, en uno de los derrumbes tan comunes que nunca quisieron arreglar los dueños; ¡malditos avariciosos!, por su culpa murió mucha gente. Pero esa es otra cosa.

"Cuando murió mi padre y otros diez mineros más, como compensación, '¡los buenos dueños!' me ofrecieron su puesto; yo era muy joven todavía, tuve que entrar a trabajar al foso, pues tenía dos hermanos pequeños y no había dinero en la casa. ¡Así me hice minero!, minero jodido, minero sucio, que moriría temprano como muchos otros. 

"Ese temor me siguió por más de dos años hasta que decidí abandonar la mina y me fui a buscar trabajo por otros rumbos; juré que no iba morir en la mina, en ese hoyo maldito como los ratones. 'Hijo de minero que sigue de minero, muere temprano', dice un dicho de la tierra".

-¡Olvídalo tonto!, ese sueño es muy popular por aquí, si supieras cuántas versiones me han contado parecidas a tu sueño; es sólo un sueño, olvídalo. ¡Tú morirás de parto!– le dijo.

La muchacha se levantó soltando una sonora carcajada.

Simón le dirigió una mirada triste y una tibia sonrisa, le tomó la mano y con ternura se la besó.

–Tal vez tengas razón, lo olvidaré, es un tonto sueño.

Continuará el próximo miércoles.

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