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LECTURAS PARA LA VIDA; Cuentos del Doctor Lector: El último deseo

segunda-portada
Foto(s): Cortesía
Redacción

Jesús Villalba Cota

Segunda de tres partes

 

Varios días después, mientras estaban acostados, viendo la tele y próximos a dormirse, el niño le dijo:

—Mami, ya pensé bien mi tercer deseo, quiero ir al Estadio Azteca el próximo sábado para ver la final de mis Águilas contra el Cruz Azul. Ojalá y puedas, por favor mami, es el último que te voy a pedir.

Al día siguiente, la mamá nuevamente solicitó permiso para salir temprano en el despacho donde trabajaba. Se dirigió al estadio; después de una corta espera, pudo conseguir dos boletos para el partido. Contenta, regresó a casa. De repente se acordaba del porqué estaba haciendo todo eso y cambiaba su fugaz alegría por tristeza. Finalmente se sentía satisfecha, iba a cumplir el tercer y último deseo de su hijo. 

El sábado por la tarde, con torta y refresco en mano, portando su playera amarilla, se sentaron atrás de una de las porterías esperando el inicio del partido que daría el campeonato a uno de los dos equipos. Sin dejar de gritar, moviendo su brazo derecho al ritmo de los cánticos y de las porras, festejó intensamente el segundo gol del América, el cual le daba el triunfo. No se movieron del estadio hasta que el capitán levantó la copa, mientras él, gritaba la última porra para su equipo.

El jueves en la noche le festejarían su cumpleaños en el departamento de Tacubaya; invitaron a tres de sus primos y a dos de sus amigos que vivían en el piso de arriba. Ese día, los niños jugaron con especial entusiasmo. Al llegar el momento de la cena, comieron tamales con atole. Luego vino el pastel de chocolate con nuez, decorado con un balón de futbol. A insistencia de los invitados pensó en otro deseo, para luego apagar las diez velitas con un fuerte y único soplido. Al morderlo sintió que le empujaban la cabeza, el betún alcanzó a meterse a su boca, le manchó los labios y la punta de la nariz. Cuando terminó la fiesta, los invitados se fueron, pudo ver con detalle sus regalos. Cansado de lo intenso del día y de la debilidad ocasionada por su enfermedad, se fue a descansar.

Al estar en la cama y aún sin sueño por tantas emociones vividas, Andrés le dijo a su mamá:

—Mami, tú ya me regalaste tres deseos. Cuando apagué las velas de mi pastel no pedí ninguno, porque ese te lo regalo a ti.

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