Querido Albert: Jamás imaginé conocer más de ti por voz de tu hija Catherine; lo digo porque cuando escuché por primera vez tu nombre y me aproximé a tu obra, fue en la preparatoria, allá por 1994.
Entonces, no imaginábamos que la tecnología avanzaría de tal forma que los libros se convertirían en audios, en videos, en portales para acercarnos a los seres admirados.
Cuando mi maestro de Historia del Arte y Literatura nos dio a leer “El extranjero”, fue como si se abriera una grieta en mi pequeño mundo, la forma en la que nos guiaba por los textos era poco convencional y para mí, hasta la fecha, de mucho agradecer.
Al leer la carta que le dirigiste a tu maestro, el Señor Germain, cuando recibiste el Nobel de Literatura, sentí aún más admiración hacia ti. Fue inevitable no pensar en mi maestro; gran parte de mi pensamiento se formó gracias al conocimiento de autores y textos que despertaron mis ideas.
Hace unos días vi una entrevista que hizo tu nieta Elisabeth Maisondieu-Camus a tu hija Catherine, imposible no conmoverme. Imagínate, lo que tus libros, tus cartas y hasta tus fotos generan en los lectores, ahora es corroborado por la viva voz de tu hija. Ella expresa con mucha claridad la congruencia que existe entre tu obra y tu persona, los principios como la verdad, el amor a la justicia, la libertad que son cimientos que sostienen toda tu filosofía.
Mirar la forma en que tu hija se expresa de su padre es una delicia, denota la clave de una persona que se crió en la cercanía y la escucha, en el respeto, la relación que debería darse en todo padre con sus hijos, en la que las lecturas fungían como hilos de una trama amorosa.
Fue tu hija quien se encargó de reunir y publicar la correspondencia entre tú y María, uno de tus grandes amores. Ella, junto a tus nietos, se han dado a la tarea de preservar tu obra y hablar más de ti. En estos tiempos sigue siendo necesario rescatar la esencia de tu obra, el amor a la libertad, la autenticidad, el enfrentamiento de lo mejor y lo peor del ser humano, la lucha contra lo adverso, el compromiso con el bien común.
En estos tiempos inciertos, tu visión de la responsabilidad colectiva y el compromiso ético me recuerdan que, a pesar de nuestras diferencias, compartimos una humanidad común que nos llama a actuar con empatía y justicia.
Gracias Camus.
