Por Jesús Antonio Martínez Carrasco
En un reciente viaje a las montañas de la Sierra Sur del estado de Oaxaca, tuve la fortuna de disfrutar de la naturaleza, la comida, el clima y de algunas de las actividades extremas que se ofrecen en el lugar. Además de deleitarme con lo anterior, el conocer a dos personas en este viaje fue lo que más valió la pena y esto me inspiró para escribir sobre dos bellas mujeres.
Hannah, mujer canadiense, forma parte de la generación de niños que nacieron después de la segunda guerra mundial, conocidos como “baby boomers”. Sus padresfueron migrantes de origen judío alemán que decidieron asentarse en Montreal. Ella me comentó que desde su niñez hasta su juventud vivió rodeada de pobreza. Terminar los estudios de universidad le permitió conseguirun trabajo y ascender en la escala económica. Debió ejercer distintos empleos para costear su grado doctoral. Con casi 80 años, hoy es encargada del área de investigación mental en una universidad de aquel país. Como ella dice, sigue bregando en la vida, “para poder aportar algo a la sociedad”.
Doña Ana, apareció espontáneamente en la mesa delrestaurante mientras unos amigos, Hannah y yo degustábamos de algunos platillos del pueblo. Es una mujer como de 75 años. Las arrugas bien marcadas y sus manos ásperas reflejan su lucha diaria por llevar el pan a la mesa. Ella nos dijo que no era del pueblo, que vivía allí porque su esposo era oriundo del lugar. Se acompañaba de una canasta y una bolsa en su mano derecha. En la primera llevaba alegrías de amaranto y de cacahuate; en la segunda, pequeñas bolsas de duraznos y manzanas para vender.
En cierto momento de este admirable encuentro, Ana se aproximó y puso el brazo izquierdo sobre el hombro de Hannah quien se encontraba sentada. Las dos, así, tenían la misma estatura. Ana soltó una risa contagiosa y dirigiéndose a su tocaya le dijo:
—Siempre hay que seguir luchando para que nuestro Dios nos provea.
Hannah le devolvió el gesto con una tímida risa diciéndole:
—Usted y yo nos parecemos mucho; tenemos el mismo nombre, somos viejas, usamos bastón y tenemos una buena actitud ante la vida.
La postal de aquellas mujeres me conmovió tanto que me inspiró a decirle a cada una de ellas que eran, para mí, un ejemplo de tenacidad, trabajo constante y de valentía ante las vicisitudes de la vida.
