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La rama

La rama
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Sebastiana Gómez

 

Buenas noches damas,

buenas caballero,

alegres cantamos

al Dios Verdadero.

 

Yo no recuerdo una fiesta de cumpleaños, no lo registra mi memoria. Lo que sí recuerdo son los sonidos de las guitarras; aun ahora, cuando las escucho, me estremecen y me hacen recordar mi infancia. Mi madre me contaba que yo era chillona a la hora de dormir. Mi primo Marcial, mayor que yo, llegaba a la casa y con su guitarra se ponía a tocar. Para él era su ensayo; para mí, era un arrullo. Él no tenía papá, a lo mejor por eso buscaba al mío.

Cuando ya era consciente de las cosas que sucedían, recuerdo que, en casa, el mes más alegre del año, era diciembre. Papá y mamá tenían mucho trabajo; desde antes de la fiesta de Navidad y Año Nuevo, empezaban a preparar los dulces que obsequiaban a los de la rama y a los de los viejos. Mi papá iba a cortar papayitas del campo, unas pequeñas que apenas cabían en su mano; de la huerta llevaba cocos y camotes mientras que yo, en la casa, juntaba los limones amarillos para hacerlos dulces.

A mi mamá le tocaba ir al mercado a comprar un tipo de pan que llegaban a vender de Juchitán. Nosotros vivíamos en Chahuites, Oaxaca, un pueblo muy alegre como todos los pueblos del Istmo de Tehuantepec. Tan alegre que hasta preparar los dulces era una fiesta, ya que había que rallar el coco, pelar las papayitas, limpiar los limones y rellenarlos, hacer las torrejas, con ese pan que mi mamá iba a comprar. Cuando ya todo estaba listo, se colgaban las ollas con los dulces para que no se pudieran tocar hasta que llegara la rama. Estoy segura que así se hacía en la mayoría de las casas.

Marcial, sus amigos y algunos vecinos, incluyendo a mi papá, preparaban todo para salir con la rama. Todos tenían su comisión, unos se encargaban de la rama, la cortaban y arreglaban para que se viera bien colorida y llamativa. Otros eran los encargados de recoger lo que les dieran en las casas y algunos más hacían los coros.

 

Naranjas y limas,

limas y limones.

Más linda es la Virgen,

que todas las flores.

 

Salgan acá afuera,

miren qué bonito.

Verán a la rama

con sus farolitos.

 

El día 24, cuando empezaba a oscurecer, se formaba la rama, los guitarristas, luego los coros y atrás los que llevaban las cubetas y bolsas para guardar los aguinaldos. Oír juntas las guitarras y los coros era tan bonito, que de recordarlo se me enchina la piel.

Después de darle la vuelta al pueblo, llegaban otra vez al punto de partida, eso ya era después de la medianoche. Ahí comentaban cómo les había ido y se repartían lo que habían recogido. Después, cada quien se iba contento a su casa, para luego preparar sus bailes y salir otra vez el 31 a despedir con alegría el Año Viejo y así, recibir el Año Nuevo.

 

Ya se va la rama

muy agradecida,

porque en esta casa

fue bien recibida.

 

Ya se va la rama

muy desconsolada,

porque en esta casa

no le dieron nada.

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