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La disposición psíquica actual de los hijos

Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Alejandro José Ortiz Sampablo

Tercera de cinco partes

Por regla general, cuando los hijos jóvenes o adolescentes presentan alguna conducta adversa, no relacionamos que esta tuvo su origen en la más tierna infancia. Por otro lado, cuando algunas personas aluden que es en esta etapa de la vida donde se marca el destino del adulto, solo hacen hincapié a la forma en que fue educado y los recuerdos que ello dejó. A pesar de que lo anterior se puede corroborar en la observación de casos y en la vida cotidiana, quedarse con tal conclusión deja oculta la verdadera causa de la disposición psíquica que cada ser humano adopta ante el mismo, la vida y el mundo exterior.

Infancia y sus contrastes

En la nota anterior de esta serie, les compartí una anécdota personal con la intención de dibujarles el origen de la causa aludida. La advertencia amorosa que me hizo en ese entonces el psicoanalista Román Zárate, está fincada en el supuesto de una fuerza que empuja desde el interior y de manera constante en el individuo. A ciertos lectores les surgirá la inquietud de que mi hijo era muy pequeño en esos días, como para que sea el poseedor de la mencionada fuerza.

Estamos acostumbrados al sentimiento de ternura que nos provocan los bebés de meses de nacidos; cuando son nuestros hijos, al transcurrir del tiempo nos quedan en la memoria: sus sonrisas, pucheros, gestos, conductas, como muchas cosas más. Entre tantas anécdotas podremos encontrar aquellas en las cuales nuestros pequeños dejaron mostrar la expresión que alcanza en conducta dicha fuerza.

Un ejemplo entre muchos

Una anécdota que nos mostrará lo mencionado, es la de una pequeña de ocho meses de nacida que hoy en día en plena juventud deja ver aquello que a continuación narraré.

La madre de la pequeña se dirigía a casa de sus suegros con su bebé en brazos. En el camino cruzaron por el tianguis de la colonia; al pasar por un puesto de juguetes, la niña tomó una marioneta que estaba colgada al paso. La madre le solicitó que la soltara, pues no se la compraría; de manera inmediata soltó en llanto, rehusándose por un momento a deshacerse de tan preciada adquisición. Continuaron el andar y a los pocos minutos la pequeña pareció olvidar lo sucedido, y de tal manera llegaron a su destino. A un rato de encontrarse en casa de los suegros, apareció el abuelo de la bebé, quien sin causa aparente, ésta comenzó a llorar. El hombre, que se caracterizaba por su dulzura con su nieta, preguntó qué le pasaba y la madre procedió a contarles la historia. Por la tarde, al regresar de su caminata, el abuelo llegó con el objeto al cual la pequeña hubo de renunciar por la mañana. Prontamente la bebé descubrió lo que sería la estrategia que le brindaría grandes alegrías, pero simultáneamente el motivo de muchos más sinsabores.

¿Qué hizo que la pequeña soltara en llanto al ver a su abuelo?, ¿qué consecuencias tiene en un individuo que los padres le adoptemos el mundo a sus necesidades o evitemos frustraciones?

Continuará el próximo sábado…

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

[email protected]

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