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Estampas para mis nietos

piedrazo-comida
Foto(s): Cortesía
Redacción

Conchita Ramírez de Aguilar

Nuestra ciudad de Oaxaca ha entrado a la década de los 60. Don Arnulfo y su esposa, a quien todos llamamos cariñosamente la Chatita, son los dueños de la tienda que se encuentra frente a nuestra casa. Él es una persona muy amable, de muy buen carácter, bajo de estatura y gordito; ella, una mujer muy cariñosa, que siempre está maquillada y bien vestida. Su figura finita me recuerda a la bailarina de una cajita musical.

A la entrada de la tienda, a la derecha y cerca del mostrador, está una hielera que guarda refrescos fríos, cubiertos de trozos de hielo que le llevan todas las mañanas en grandes bloques. Aquí encontramos: Barrilitos, Chaparritas, Jarritos, Lulú, Doble Cola, y Tehuacán Etiqueta Azul. Hay otra hielera al lado del mostrador, exclusivamente para cervezas.

La pared frente a nosotros está cubierta de estantes donde se acomodan los artículos que aquí se venden; algunos de ellos se guardan en cajas de madera o de lata y otros se exhiben a la vista. El mostrador es muy alto, por lo que tengo que subirme en un tubo que se extiende a lo largo, en su parte baja. De esta forma puedo ver y pedir lo que necesito, como las charolas de pan calientito, recién llegado de la panadería La Rosa de Oro: regañadas, conchas, tarazones, trenzas y una gran variedad de pan dulce satisfacen nuestro antojo, sin faltar los bolillos esponjositos que, ya en casa, disfrutaremos embarrados de mantequilla con azúcar, o de frijoles con queso, y cuando mamá se luce, con chileajo.

La Chatita prepara tortas de queso fresco con chiles serranos en vinagre que son una delicia. Mamá dice que no tenemos que comprarlas, que en casa hay todo lo que se necesita para hacerlas, pero siempre le explicamos que no saben igual. Si no queremos torta, pedimos una tostada, con trocitos de papa, zanahoria, cebolla, chile pasilla o serranitos, según el gusto y espolvoreadas con queso, ¡riquísimas!

No pueden faltar los “piedrazos” remojados en vinagre, mismo en el que flotan verduras y chiles pasilla dentro de un vitrolero de cristal. La Chatita sumerge el pan, lo remueve con un cucharón de madera y después de un rato, lo saca para colocarlo sobre un pedazo de papel de estraza, le espolvorea sal, y ¡listo! Los chiles pasilla los despacha solos o con verdura. En temporada, hay ciruelas y mangos en vinagre. Vende también pan amarillo partido por mitad y frito, le pone salsa Búfalo y, si queremos, queso espolvoreado; claro, así cuesta más.  

Mamá sabe que aquí encontrará: azúcar, sal, frijol, chiles enlatados, queso fresco y muchos alimentos más; medicamentos de uso común como Sal de uvas, Mejoral, Mejoralito, Cafiaspirina, entre otros; así como agujas, alfileres, hilos, botones y alguna otra cosa necesaria para la costura, sin faltar fusibles, clavos, focos y otros materiales eléctricos. Si no hay en la tienda alguno de estos artículos, la Chatita entra a su casa y buscando en sus pertenencias, regresa con él.

Y por eso, todos los días cuando entro al "Resbalón" -así se llama la tienda-, imagino que es un gran sombrero de mago, de donde todo puede salir.

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