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Entre faroles y peregrinos

piñata
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO

Alejandro José Ortiz Sampablo

Diciembre era uno de los meses más esperados cuando era niño; implicaba muchas cosas, una de ellas, Navidad. Por dos semanas me olvidaba de las tareas de la escuela y a pesar de que durante ese tiempo acompañaba a mi padre a su taller, no faltaba el juego y la aventura.

Viejos recuerdos

En ocasiones me tocó mirar y escuchar la algarabía de las posadas, pues el taller de hojalatería y pintura automotriz de mi papá se encontraba en Calzada del Panteón, camino viejo a San Felipe del Agua, muy cerca del río; al cruzarlo se encuentra el Ejido Guadalupe Victoria, donde podía mirar a lo lejos las luces de los cohetes y escuchar el bullicio de los niños. En otras, salía a la calle a observar el tumulto de gente con sus faroles de carrizo multicolores y sus luces de bengala; era divertido ver a los niños echar cohetes.

En esos días, cuando regresábamos a casa a comer, mi padre me preguntaba si quería quedarme; pocas veces le respondí que sí. Otras más, me decía: "Quédate a hacer la tarea de la escuela"; pienso que esa era su manera de permitirme disfrutar de mi infancia, pues él siempre se jactaba de ser poco expresivo. Así que cuando eso sucedía, me disponía para ir a la posada; sabía que mi madre me lo permitiría, rogaba a Dios que no se le ocurriera acompañarnos o que a los Peregrinos los recibiera una de sus conocidas, ya que sin lugar a dudas estaría ahí. Pues cuando mi madre se encontraba cerca, evitaba que anduviera donde estaba lo emocionante, donde se echaban los cohetes.

El deseo, noches interminables

Aun así, eran noches muy felices, deseaba que no terminaran. Al finalizar, si la posada había sido en casa de algún conocido o familiar, nos quedábamos a ayudar a recoger, lo que hacía que se prolongara un poquito más la fiesta. Ya han pasado varios años de esa época, donde uno de mis anhelos era poder echar cohetes con mis amigos, y que pocas veces vi cumplido. Hoy, el destino me trajo a unos cuantos metros de donde se encontraba el taller de mi padre, donde aquel bullicio que me provocaba entre felicidad y melancolía no se escucha; supongo, en gran parte por la pandemia que nos toca vivir desde hace casi dos años.

Reflexión

Cuando se es niño uno no imagina lo que la frase: “no sabes lo que la vida te tiene preparado” significa, ni tampoco ciertas advertencias y prohibiciones que los adultos nos hacen, como la de andar echando cohetes. De niño, el juego y la diversión tienen el principal papel en la vida, ya sea porque se realice o no, eso siempre nos marcará el carácter, nuestra felicidad o amargura. Estas fechas son de reflexión, esperemos que esta nos oriente para vivir mejor y no hacia el rencor o resentimiento, esto último siempre es necesario decirlo, pues la reflexión puede llevarnos a tomar distintos caminos.

¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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