Rafael Alfonso
La cámara es una especie de arma. Con ella se puede violar la intimidad. Se puede humillar.
Los dispositivos móviles han puesto una cámara en manos de prácticamente todo el mundo, democratizando la producción de imágenes. Sin embargo, esta democratización también ha traído consigo nuevos desafíos, pues ¿quién dijo que la fotografía era sólo apretar un botón? En "Sobre la fotografía" (1973), Susan Sontag afirmó que la fotografía no es sólo un acto técnico, sino también un acto político. Al fotografiar, estamos tomando una posición ante el mundo y estamos construyendo una narrativa.
Susan Sontag fue una intelectual estadounidense reconocida por sus ensayos sobre cultura, política y filosofía. Su obra, marcada por un profundo compromiso social y una aguda mirada crítica, la convirtió en una figura destacada del pensamiento contemporáneo.
Sontag nació en Nueva York en 1933 y a lo largo de su vida se involucró en diversas causas sociales y políticas. Su interés por la fotografía surgió en un momento en el que esta disciplina estaba experimentando una transformación radical, pasando de ser considerada un arte menor a ocupar un lugar central en la cultura visual.
En la era de los smartphones, donde todos somos fotógrafos aficionados, puede parecer extraño detenerse a analizar un libro sobre fotografía publicado en los años 70. Sin embargo, es precisamente esta distancia temporal la que le otorga a "Sobre la fotografía" una vigencia sorprendente. Sontag, con una lucidez que asombra, anticipó muchas de las preguntas que nos hacemos hoy en día sobre el papel que juegan las imágenes en nuestras vidas.
Con su agudo ingenio y su mirada penetrante, Susan Sontag nos invitó a sumergirnos en un mundo más allá del encuadre, un mundo donde las imágenes no son sólo capturas de la realidad, sino poderosas herramientas de construcción y deconstrucción de la misma.
Para esta autora, la fotografía no es un mero pasatiempo, sino una forma de apropiarnos del mundo, de clasificarlo y de darle sentido. Al fotografiar, estamos ejerciendo un acto de poder, seleccionando qué es lo que merece ser visto y qué debe quedar oculto. De esta forma nos invita a cuestionar la supuesta objetividad de la fotografía, a entender que cada imagen es una interpretación, una construcción subjetiva de la realidad.
La fotografía, dice la ganadora del premio Príncipe de Asturias, es un lenguaje que tiene sus propias reglas y convenciones y, al igual que cualquier otro lenguaje, la fotografía puede ser utilizada para manipular, para persuadir y para crear falsas realidades.
La proliferación de imágenes en plataformas como Instagram y TikTok ha intensificado la necesidad de desarrollar una mirada crítica ante la avalancha visual. Sontag nos advirtió sobre los peligros de la banalización de la imagen y de la construcción de identidades falsas a través de las fotografías. Esta obra nos ofrece un norte para navegar por este mar de imágenes y para encontrar en él nuestro propio rumbo.
