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EL LECTOR FURTIVO: "Por mi raza hablará el espíritu"

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha marcado la historia de nuestro país. Todo comenzó, o así se ha querido ver, en 1551, cuando el imperio español, generador de infraestructura a diferencia de otros imperios auténticamente colonizadores, decidió que México también debía tener una universidad.

El 21 de septiembre se fundó la Real y Pontificia Universidad de México, y en ella se impartió teología, latín, astrología y otras materias que seguramente en la actualidad no son tan apreciadas como en aquel momento.

La Pontificia fue clausurada y desmembrada en varias escuelas descentralizadas, curiosamente por próceres tanto liberales como conservadores: Gómez Farías, Santana, Maximiliano y Juárez contribuyeron a su letargo. Fue hasta el gobierno de Porfirio Díaz que uno de sus intelectuales más prestigiosos, Justo Sierra, se hizo a la idea de volver a tener una Universidad Nacional y propuso su creación.

No fue un proceso que se concretara en un corto plazo, la propuesta inicial fue presentada por Sierra en 1881 y pasaron casi treinta años para que, el 22 de septiembre de 1910, como parte de los festejos del centenario del Grito de Independencia, se diera por inaugurada la Universidad Nacional de México, a partir de la Ley Constitutiva autoría de su principal promotor.

A Joaquín Eguía Lis correspondió asumir la rectoría de la institución. Con el paso de los años, esta fue evolucionando y adaptándose a los cambios de la sociedad mexicana. En 1910, con la Revolución, la universidad se convirtió en un espacio de debate y reflexión sobre el futuro del país y se convirtió en un referente de la educación superior en América Latina.

En 1920 asumió la rectoría el ilustre José Vasconcelos, que pocos años después sería Secretario de Educación. En su breve periodo como rector, Vasconcelos dejó una huella imborrable, pues fue el responsable de la creación del escudo y del lema de la Máxima Casa de Estudios: “Por mi raza hablará el espíritu”.

En 1929, como una concesión del gobierno de Emilio Portes Gil a una serie de protestas estudiantiles por temas de exámenes, le fue otorgada la autonomía a la Universidad Nacional. Desde ese momento tomó su denominación actual: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Hoy en día, la UNAM es una de las universidades más grandes y prestigiosas del mundo. Muchos de sus egresados han destacado en todos los ámbitos: desde la política y la ciencia hasta el arte y el deporte. Todos los mexicanos laureados con el Premio Nobel, que sólo han sido tres, han pasado por sus aulas.

En definitiva, la UNAM es una institución que merece ser estudiada y debatida, y se le pueden cuestionar aspectos como el hecho de que, con el pretexto de la Autonomía, la institución ha tolerado que un grupo anarquista se haya apoderado desde el año 2000 del auditorio Justo Sierra, el más grande de Ciudad  Universitaria.

Deberíamos preguntarnos también si es justo que los egresados del CCH (Bachilleratos de la UNAM ubicados todos en la CDMX), acaparen la mayor parte de la matrícula universitaria, pues gozan de pase automático, mientras que los aspirantes del resto del país deben someterse a un examen masivo para competir por el menos del 10% de los espacios disponibles en la Universidad que, se supone, es nacional.

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