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EL LECTOR FURTIVO; Cuentos del Doctor Lector: Los sueños de Penélope

segunda
Foto(s): Cortesía
Redacción

Lidia Negrete Esqueda

Segunda de cuatro partes

-¡Dany! mira lo que encontré- dijo señalando un pequeño saco gris que colgaba de una de las ramas del árbol. -Nunca lo había visto, parece muy raro, ¿qué podrá ser?

Lo arrancó, lo sacudió y se lo acercó al oído intentando escuchar si había algo dentro, lo azotó contra el suelo y estaba  a punto de pisarlo.

-Beto, ¡no hagas eso!; ni siquiera sabemos qué es, no es piña de los árboles, no parece botón de alguna flor, tampoco parece nido. Mejor déjalo ahí y vámonos, ni siquiera hemos encontrado las moras que veníamos a buscar. 

Beto, de mala gana lo dejó en el piso, pero antes lo vio por última vez. 

De repente se escuchó por el otro lado del camino, una voz de canto alegre; era una anciana de caminar lento, se acercó. Los niños sintieron miedo, nunca la habían visto.

-Hola niños, ¿qué hacen por aquí?- dijo, abriendo los brazos.

-Por fin ha llegado la primavera; es como si un hada invisible vistiera los árboles de verde, hay flores por todas partes, los pájaros vuelan gustosos para hacer sus nidos, se respira un aire de vida y alegría. ¿No les parece maravilloso? Veo que vienen de la escuela. ¿No deberían estar ya camino a su casa?, sus padres pueden estar preocupados.

-¿Y tú, quién eres?– preguntaron los niños.

-Disculpen, olvidé presentarme, soy la guardiana de este bosque- dijo sonriendo. 

-Vengo en busca de algo muy especial.

Se dirigió a buscar en el árbol, donde jugaban los niños.

-¿Dónde estarás, amiguita?- expresó con intriga, cuando observó la pequeña bolsa tirada en el pasto.

-¡No lo puedo creer! ¿Quién habrá cometido esta travesura? Se inclinó para recoger con delicadeza el pequeño objeto con forma de capullo.

-Alguien con corazón de piedra te ha arrancado, te llevaré conmigo y si para mañana no se produce el milagro, te regresaré al árbol de donde te desprendieron. 

Se alejó sin despedirse. Beto y Dany se miraron sorprendidos, luego se dirigieron a su casa pensativos.

Después de caminar un rato en el bosque por senderos apenas visibles, la anciana llegó a su refugio, una cabaña pequeña apenas visible entre los árboles, rodeada de flores, con ventanas dirigidas a los cuatro puntos cardinales.

Colocó el capullo en la ventana situada hacia el oriente, por donde se filtrarán los primeros rayos del sol al amanecer.

Continuará el próximo lunes...

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