Pasar al contenido principal
x

El genocidio en Yucatán

portada-dos
Foto(s): Cortesía
Redacción

Leonardo Pino

 

A mediados del siglo XIX, el pueblo maya –una de las civilizaciones más importantes del mundo– vivía en un régimen de semi esclavitud en la Península de Yucatán. 

En la Enciclopedia de México se denuncia: “Mucho contribuyó a exacerbar los ánimos la ley del 27 de agosto de 1847, por la cual se despojó a los indios de su condición de ciudadanos, y se les redujo al pupilaje en que se hallaban antes de la Independencia. Se les constituyó en repúblicas, al mando de un cacique nombrado por el gobierno, y además del real y medio de contribución personal, se les impuso otro real al mes para los gastos del culto. Se dispuso que los alcaldes, caciques, jueces de paz y párrocos los obligaran a trabajar, a concentrarse en pueblos cuando anduvieran dispersos, a solo usar machete o hacha, y a no tener armas de fuego”. 

Como consecuencia nefasta de la conquista y la violencia de los criollos, el racismo permeaba toda la estructura social; a tal punto que a la ciudad de Mérida solo tenían acceso las personas de tez pálida, no los indígenas mayas; de allí viene la denominación que todavía perdura: la “blanca Mérida”, no por el encalado de sus casas y edificaciones, sino -literalmente- porque en su territorio solo podían vivir los blancos. Los mayas fueron corridos a la periferia, fuera de los límites del albo enclave racista.

Guerra de Castas

Para combatir esta situación intolerable, el 18 de julio de 1847, indígenas mayas se concentraron en la hacienda Culumpich, en Tihosuco, Quintana Roo, bajo el liderazgo de Jacinto Pat, Cecilio Chi y Manuel Antonio Ay, para oponerse contra tantas injusticias, mediante una rebelión armada, el 15 de agosto del mismo año. 

Al ser denunciados, Manuel Antonio Ay fue detenido y fusilado el 26 de julio; Cecilio Chi y Jacinto Pat lograron huir con gran parte de sus seguidores. Tres días después, soldados incendiaron la parte maya de Tepich, y evitaron que salieran de sus viviendas niños, mujeres y ancianos que murieron calcinados.

Como respuesta a esta agresión, al otro día, Cecilio Chi y sus guerreros, ultiman a todos los pobladores blancos, mestizos y mulatos de esa misma población.

Durante la parte inicial de este conflicto, los indígenas mayas dominaron la mayor extensión territorial de la península, en tanto los blancos y el ejército se refugiaron en Mérida. Por esta razón, en marzo de 1848, el gobernador Santiago Méndez, prometió sin cumplir, abolir los impuestos que debían pagar obligatoriamente los varones mayores de edad, y solicitó ayuda para combatir a los mayas, a los gobiernos de Gran Bretaña, España y Estados Unidos, a cambio del dominio y la soberanía de Yucatán. 

Después de firmarse pactos de paz nunca cumplidos y de continuas agresiones de toda índole a la población indígena, las hostilidades formales se reanudaron en julio de 1848, lo que posibilitó que el ejército recuperara gran parte del territorio en disputa. 

En esas batallas, participarán como aliados del ejército, cubanos y ex soldados norteamericanos mercenarios.

Durante todo el conflicto armado, llamado Guerras de Castas, los indígenas tomados prisioneros eran vendidos como esclavos para trabajar en los cañaverales cubanos. Como fruto de esta trata, hacendados mexicanos y cubanos obtuvieron grandes ganancias.
Esta situación perduró hasta que don Benito Juárez, a través del decreto del 6 de mayo de 1861, prohibió la trata, confinamiento y extradición de los indígenas yucatecos, bajo cualquier título o denominación.

Durante el porfiriato se reavivó la guerra del Estado nacional contra el pueblo maya, y se cometió un genocidio, logrando casi su total exterminio en las tomas de Chan Santas Cruz (hoy Felipe Carrillo Puerto), Payo Obispo y Bacalar. Sin embargo, todavía hubo rebeliones mayas en los años 1907 y 1912.

Como consecuencia del advenimiento de la Revolución Mexicana y de los gobiernos progresistas y revolucionarios en el Estado, de Salvador Alvarado (1915-1917) y Felipe Carrillo Puerto (1922-1924) y en el orden nacional del general Lázaro Cárdenas, mejoraron las condiciones de vida del pueblo maya, después de trescientos años de resistencia heroica.

El 3 de mayo de 2021, el C. Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en nombre del pueblo y Estado Mexicano, pidió perdón al pueblo maya por la persecución, masacre y exterminio de gran parte de su población, por parte de los conquistadores españoles y distintos gobiernos mexicanos.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.