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El “ahorita lo hago” y la complicidad de los padres

dormir
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Alejandro José Ortiz Sampablo

En la nota anterior, les compartí la ley de la inercia, decantada por las observaciones de Isaac Newton, que menciona lo siguiente: “un cuerpo no modifica su estado de reposo o de movimiento si no se aplica ninguna fuerza sobre él, o si la resultante de las fuerzas que se le aplican es nula”. Al igual que Newton, deducimos que la dinámica psíquica (alma) del ser humano no escapa a dicha ley.

La clínica psicoanalítica nos brinda la oportunidad de recibir pacientes de distintas edades, así como con diversos conflictos. En algunos casos con malestares nacidos desde lo fisiológico, pero que en lo psíquico encuentran cobijo, lo que los lleva a agravar; pero eventualmente, quienes acuden en su mayoría, es por problemas de amor, duelo y padres que desean atendamos a su hijo o hija, pues presentan alguno de los malestares contemporáneos, depresión, toxicomanías, violencia, entre otros.

Factores contrarrestantes

Cuando el conflicto psíquico de los hijos alcanza un nivel exacerbado, es cuando se requerirá cualidades que posiblemente tanto en el hijo como en los padres falten, de las cuales dependerá el éxito del tratamiento. Otros factores de peso que contrarrestarán fuerza y que en la mayoría de los casos influyeron al malestar del joven, es el sentimiento de culpa (inconsciente) de alguno de los progenitores, el cual da por resultado una sobreprotección más allá de lo requerido para la supervivencia y bienestar del individuo pequeño. El segundo factor es la idealización del hijo, en donde el vástago cobra el lugar de espejo donde el padre o la madre ve el reflejo (inconsciente) de lo que fantasmáticamente es o quisiera ser, llegando en muchos casos a la actitud, que popularmente se dice, “no quisiera que ni el aire lo toque”.

Un aliado de los malestares

Estos factores se ven reforzados con un tercero, el cual por decirlo de alguna manera, los cubre con su manto, el que a su vez se vio apuntalado desde la psicología, a tal nivel que el día de hoy, muchos padres y madres no conciben el ejercicio de tal lugar sin la orientación de algún profesional de esta. El miedo a ejercer la paternidad o maternidad -aunque en honor a la verdad, son las mujeres en su mayoría las más preocupadas por este tema-, es el que impide ejecutar cualquier acción en beneficio del hijo o la hija, pues el discurso difundido por la Psicología (mejor dicho, por muchos psicólogos) es la de evitar el trauma. Esto último se comprende, pues las profundidades del alma escapan a su observación, ya que los instrumentos que utiliza la Psicología no son los adecuados para ello. Esto último requiere una puntualización, lo dicho no es hablar mal de la Psicología, pues esta tiene un lugar privilegiado dentro del conocimiento humano, pero como todo saber tiene su campo definido, el cual está en la superficie de lo psíquico, es decir, en las exteriorizaciones del alma.

Reflexión

Es de imaginar la fuerza que se requiere para atemperar el impulso con el cual el individuo desde temprana edad busca la satisfacción o mantener la inercia de quedar exento de estímulo. Hoy, los padres quedan inhabilitados a ejecutar su función, ya sea por los fantasmas mencionados o por temor a ser juzgados, pero eventualmente se vuelven cómplices del empuje del placer del hijo.

Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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