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El “ahorita lo hago” y la complicidad de los padres

CONSULTORIO DEL ALMA: CUENTA CONMIGO
Foto(s): Cortesía
Giovanna Martínez

Alejandro José Ortiz Sampablo

“Ahorita lo hago” es la frase con la cual el individuo procura mantener la inercia, ya sea la del reposo o de aquello que se encuentre realizando.

En la vida diaria, pocas veces tomamos conciencia que nuestro acontecer como seres humanos obedece a las mismas leyes del universo, aquellas que se han decantado con el procedimiento científico. A la anterior premisa habrá que tomarla con una salvedad, pues lo característico de la lógica en la vida anímica de mujeres y hombres, la lleva a romper normas en el espacio y el tiempo. Pero esto será tema de otra nota.

A mediados del siglo 17 e inicios del 18 existió un brillante físico, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés, Isaac Newton. De quien heredamos tres principios con los que se resolvieron gran parte de los problemas provenientes de la mecánica clásica, relacionados con el movimiento de los cuerpos. En esta ocasión solo aduciré a la primera, pues apunta a lo ya mencionado, la inercia.

La inercia psíquica

La primera Ley del Movimiento, primera ley de Newton o principio de inercia, establece que “un cuerpo no modifica su estado de reposo o de movimiento si no se aplica ninguna fuerza sobre él, o si la resultante de las fuerzas que se le aplican es nula”. Pasemos a nuestro asunto con la siguiente interrogante: ¿Qué fuerza psíquica se requerirá aplicar para alguien cuya tendencia es el “ahorita lo hago”? ¿La fuerza que mantiene a dicho individuo en tal inercia, solo influye en esa conducta o permea en otros ámbitos de su vida?

La segunda interrogante no es difícil de responder, pues esta se puede deducir con únicamente observar la vida cotidiana. Sin embargo, la primera nos exigirá mayor esfuerzo, pues a muchos les será inevitable contener aquello que los investigadores estamos obligados a dominar de nosotros mismos, pues de no hacerlo, la observación del fenómeno quedaría contaminada, me refiero a la moral y la propia visión del mundo.

Dos visiones con distintos resultados

Por ejemplo, a los padres de antes, en muchos casos era impensable que el hijo ante una indicación respondiera con el “ahorita lo hago”; fue la época en donde a lo más que se atrevía el hijo a responder ante el desagrado de una indicación, era el chasquido o torcer la boca, y si la madre o padre se percataba, lanzaba la amenaza de: “te voy a romper la boca” y en otros casos simplemente lo hacían. Hoy, la actitud de madres y padres es distinta, empezó con el discurso de que los padres tendríamos que ser amigos de los hijos, en la ilusión de que esto fomentaría el dialogo y la confianza, pues esta dupla a la postre evitaría conflictos. Esto decantó en las relaciones horizontales entre padres e hijos, abandonando la verticalidad que tanto ofende a muchos en la actualidad, pero que también sirvió para el abuso del poder.

Quien fomentó el discurso mencionado podemos suponer desconoce esta ley de la inercia psíquica; no podemos negar que el diálogo y la confianza abonan para las buenas relaciones, pero colocarlos como puntales para contrarrestar la inercia psíquica, es como pretender sobrevivir a la caída de un avión saltando fuera de este, un instante antes del impacto.

Continuará el miércoles…

Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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