Fausta Ibáñez Ríos
En los últimos años, el resquebrajamiento del tejido social ha incrementado vertiginosamente; para observarlo, ni siquiera tenemos que recurrir a datos estadísticos, basta observar el día a día, las noticias en los medios de comunicación. Posiblemente nosotros mismos hemos sido víctimas o testigos de alguna acción corrupta o violenta, ya sea en la calle, incluso en la propia familia.
Impunidad, inseguridad y nuevas formas de mirarnos
Desde décadas atrás enfrentamos una crisis en cuestión de inseguridad e impunidad, agregados a otras situaciones adversas que las Instituciones gubernamentales no han podido resolver, y aun cuando esto último se lea pesimista, no podrán hacerlo, pues no depende sólo de ellos. A pesar de que hoy se demanda justicia no sólo ante tribunales, pues en las calles diario tenemos noticia de manifestaciones, esto parece no ser suficiente.
En diversas ocasiones he pensado que el problema se puede resolver, pero no sin mirarlo desde otra perspectiva, incluyendo mirarse a uno mismo, antes que emitir juicios. Pues lo más común es que miramos hacia afuera, señalamos, juzgamos, discriminamos a los otros, etcétera, pero casi nunca nos atrevemos a mirar cómo participamos en lo que nos acontece y de qué manera nosotros podemos construir otra forma de relacionarnos.
Pero, en una época donde el tiempo apremia y lo imperante es: el cómo me voy a servir del otro para lograr lo que quiero, como la satisfacción, la búsqueda de estatus, bienes materiales, poder, incluso la menor ganancia, encontrar solución parece un imposible.
Por otro lado, está la otra cara de la misma moneda, la apatía; los seres humanos entregados a sus propios conflictos, donde lo único que importa es él, donde la entidad psíquica llamada Yo retorna a su estado primitivo.
Los cimientos
En dichas circunstancias, el ser humano deja de lado aquello de donde provienen tales manifestaciones. Todo tiene un principio, y el principio determina los finales, esta fórmula es bien conocida. Como ejemplo pondré la manera en que se construye una casa, donde por lo general se pone extremo cuidado en la cimentación, todo lo contrario a lo que sucede con la vida psíquica y emocional.
Es de llamar la atención que en el caso del ser humano no existe ese cuidado de develarnos aquello que determina nuestra conducta y cómo esta repercute en nuestra familia, y cuando esto alcanza a lo social, se hace responsable a las instituciones de gobierno del deterioro de este. Este discurso lo escuchamos eventualmente en los comunicadores, principalmente en noticieros; en ningún caso he escuchado que le hagan un llamado a los ciudadanos de cuidar la educación y formación de sus hijos.
Un llamado a la toma de conciencia
Es el momento que cerremos filas, no sólo algunos miembros de la sociedad, llámese gobierno, agrupaciones civiles o religiosas; es necesario que desde el lugar que cada uno ocupa dentro de nuestro entorno, tomemos en cuenta que lo que sucede en la sociedad proviene de la vida psíquica y de ahí la manera de accionar hacia afuera.
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