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Finitud humana

Una representación conceptual sobre la finitud humana, ilustrando los límites del espacio y el tiempo que enmarcan la existencia del ser humano.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Dr. Servando Nava Echeverría / Colaborador

Recuerdo cuando padecimos el embate de la aterradora pandemia del Coronavirus, iniciada por ahí de marzo del 2020 y en su acmé, en su punto más alto, todos pensamos que quizás íbamos a morir. Pensamiento sobrecogedor, porque todos tenemos en la mente la posibilidad de morir, pero claro, anhelando vivir una vida lo más longeva posible. Este fenómeno, es solo un ejemplo, pero son muchos los eventos de la vida diaria, que nos ponen en el predicamento muy manifiesto y que pocas veces pensamos: nuestra finitud humana. Límites que en espacio y tiempo tenemos que llevar sobre los hombros los dolidos personajes llamados humanos. Porque sin duda alguna, tarde o temprano vamos a morir; es lógico tener miedo o pánico ante este probable panorama, pero siendo muy razonables, podemos usar esta oportunidad de la finitud de la vida en nuestro propio beneficio, pero esa elección solamente tú puedes tomarla.

Podemos preguntarnos ¿cuánto tiempo voy a estar muerto? y ante esta perspectiva eterna de mortandad, podemos elegir ahora, en la brevedad de la existencia lo que prefieras hacer hoy, lo que tengas en la mente y evitar esa zona errónea de la conducta que se llama postergación. Esta finitud nos debe de poner en guardia para evitar aplazamientos poco asertivos.

Si tú eres de la categoría de personas que todo posponen y vives con la ansiedad que produce esa actitud, pregúntate porque motivo sigues postergando cosas que quieres hacer. Esta conducta postergatoria, esta zona de la “dilación para actuar” es una de las facetas más absurdas de la vida, a sabiendas de la finitud de nuestra existencia. Vive todo lo que puedas en tu tiempo presente, no hay otra oportunidad, no hacerlo es una equivocación. No importa mucho lo que hagas, pero hazlo ya. Pero claro, haz las cosas correctas, las cosas éticas, desarrolla en tu comportamiento lo que algunos autores llaman “el bien ser”. 

Es justamente nuestra finitud lo que nos debe de obligar y vociferar nuestra inconformidad con las cosas que están mal hechas, que tienen consecuencias muy negativas. Por ello una forma de utilizar ese breve tiempo que tenemos, es elevar la voz para enfrentar aquellas conductas, decisiones, políticas o políticos, que afectaran sobre todo a las futuras generaciones, eso incluye a tus hijos y a tus nietos. Piensa en este momento histórico que estamos viviendo con la presencia de gobiernos populistas, que, con sus erráticas políticas, están afectando gravemente a la economía, provocando pérdida de oportunidades laborales, el atraso en ciencias, tecnologías, delincuencia desbordada, perder competencia a nivel global, disuasión de las inversiones, en general afectando el crecimiento y el futuro de nuestro país. Levantemos la voz, ya que este acto, sería una forma útil de aprovechar el escaso tiempo que tenemos. 

Señala Aureliano Arteta: “Si el tiempo humano es ante todo mi tiempo, no el de la humanidad, que otro me lo arrebate en todo o en parte, sin permiso ni contrapartida, significa privarme de mi condición vital más básica…”, lo cual se traduce en que nadie debe de quitarnos nuestro tiempo luchando en corregir absurdas decisiones políticas, porque simplemente se están robando mi tiempo y es tan escaso, que no podemos permitirlo ni perdonarlo.

Esta brevedad de tiempo que viviremos, tenemos que aprovecharla haciendo bien las cosas El verdadero modo de medir la inteligencia es una vida feliz y efectiva, vivida cada día con plenitud y disfrutar cada momento, aprovechando al máximo tus posibilidades, siendo una persona ética y respetuosa de los otros o del medio ambiente. Desempéñate por la vida con una conducta cifrada en valores y tendrás la oportunidad de ser recordado como algo valioso y rescatar tu vida de la ferocidad inclemente del tiempo, al ser inolvidable y haber dejado un legado sensacional. Si no lo haces así, quizás no habrá valido la pena haber existido; es tan corta la vida y tirarla a la basura es imperdonable. Reconocer la existencia de nuestra finitud y brevedad del vivir, es aceptar con madurez y optimismo, una forma profunda de amar nuestra existencia y darle valor a cada instante del día de hoy. Las cosas de la vida que más amamos, si fueran eternas y nunca desaparecieran, perderían, paradójicamente, su valor. El saber que un día las perderemos le da ese sabor a inconmensurable. Recuerda cada día de tu vida es la única oportunidad que tenemos, no hay otro momento.

Así que, sin pretextos, toma la decisión de actuar ahora, porque no hay tiempo y bien claro lo expreso Henry David Thoreau: “No me digas lo que eres, porque lo que eres, suena tan fuerte, que no me deja escuchar lo que alegas en tu defensa”. Ello significa que podrás engañar los demás, pero jamás te podrás engañar a ti mismo. Por lo tanto, tú sabrás si aprovechas el escaso tiempo que te queda, aunque seas joven. Te recuerdo: ya no habrá otra oportunidad.

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