Rodrigo Velásquez Torres
Hoy se conmemora el llamado Día del Niño. Más allá de festejos y festivales institucionales es importante recordar que la infancia es la base sobre la cual surge la identidad, el carácter y las aspiraciones de cada uno de nosotros. Infancia es destino pues es en estos años donde se establecen las bases emocionales, cognitivas y sociales que marcarán el desarrollo de una persona a lo largo de su vida, así que cuando la niñez se ve envuelta en condiciones adversas, como la marginación social, pobreza, desnutrición, problemas de salud, migración forzada, entre otros tantos factores, el impacto en su formación puede ser profundo y duradero.
En esta etapa, las experiencias vividas influyen de manera definitiva en la autoestima, la capacidad de resiliencia y el sentido de pertenencia de una persona. La educación, la estabilidad emocional y el acceso a oportunidades determinan cómo un niño o una niña construirán su futuro. Por ello, garantizarles condiciones óptimas es más que solo una responsabilidad moral, es una inversión directa en el progreso social.
A pesar de la importancia de la infancia, millones de niñas y niños en el mundo enfrentan la dura realidad de la migración forzada. Familias enteras cruzan fronteras en busca de seguridad, huyendo de conflictos, pobreza extrema o violencia. Sin embargo, los más jóvenes son quienes sufren las consecuencias más severas, a menudo enfrentan dificultades extremas: separación familiar, falta de acceso a educación, atención médica, discriminación e incertidumbre sobre su futuro, o peor aún, sobre su presente.
En Oaxaca la migración es un asunto casi casi natural. Todos tenemos por lo menos un familiar que haya migrado en búsqueda de mejores oportunidades para vivir. Existen zonas donde la migración es tan alta que las comunidades se han quedado sin jóvenes. Tal situación impacto al artista plástico Alejandro Santiago para crear su serie escultórica 2501 migrantes, la cual se exhibe en nuevo parque primavera. La colección también incluye esculturas infantiles, representando a la niñez que también ha migrado.
Nuestro estado históricamente ha sido un corredor migratorio importante, la presencia de niños y niñas migrantes es una constante. Albergues y organizaciones de la sociedad civil trabajan incansablemente para brindarles apoyo, ofreciéndoles techo, alimentación, atención médica y, en la medida de lo posible, espacios seguros para que puedan ser niños. Sin embargo, los recursos son limitados y la demanda es cada vez mayor.
La infancia migrante nos recuerda la fragilidad de la niñez y la importancia de construir un mundo (a través de políticas públicas efectivas y operatividad interinstitucional que generen un verdadero cambio social), donde todos los niños, sin excepción, puedan vivir una vida plena y feliz.
En la niñez, las experiencias vividas influyen de manera definitiva en la autoestima, la capacidad de resiliencia y el sentido de pertenencia de una persona.
Contacto y réplica: [email protected]
