Por Redacción Noticias
A casi tres meses de la muerte del productor Pedro Torres, la actriz Lucía Méndez atraviesa una etapa marcada por el duelo, la memoria y una pérdida que, según reconoce, sigue pesando en lo más íntimo.
Lejos del ruido mediático, la también cantante ha hablado de un proceso emocional complejo, donde el dolor no solo vino con la despedida, sino con el deterioro acelerado que presenció en los últimos meses de vida de su exesposo.
El productor falleció el 30 de enero a los 72 años, tras enfrentar la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), un padecimiento que afecta progresivamente las funciones motoras del cuerpo. De acuerdo con el testimonio de Méndez, la enfermedad avanzó con rapidez, dejando una huella profunda en su entorno cercano.
“Fue más difícil verlo apagarse”, ha dicho, al referirse a los momentos finales, donde la enfermedad avanzó sin tregua.
Sin embargo, el golpe más fuerte —asegura— lo ha resentido su hijo, Pedro Antonio, quien ha enfrentado el duelo con altibajos emocionales. “Hay días en los que está bien, otros en los que no quiere comer”, reveló la actriz, al describir un proceso que aún no encuentra estabilidad.
En medio de este escenario, la familia ha encontrado apoyo en su círculo cercano. La nuera del productor ha sido, según Méndez, un pilar fundamental para sostener emocionalmente a su hijo durante esta etapa.
Pero el duelo no se queda en lo privado. La actriz ha decidido trasladar ese vínculo al escenario, uno de los espacios más representativos de su carrera. Actualmente, como parte del espectáculo GranDiosas, Méndez prepara un homenaje cargado de simbolismo.
Cada vez que interprete el tema “La que más te ha querido”, lo hará pensando en Torres, en una dedicatoria que convierte el dolor en memoria viva frente al público.
“Se la voy a dedicar a él”, confesó.
La pérdida también ha reforzado su dimensión espiritual. Méndez asegura que, tras la muerte de su exesposo, ha encontrado consuelo en su fe, lo que le ha permitido enfrentar la ausencia con una perspectiva distinta.
La historia entre ambos se remonta a finales de los años ochenta, cuando formaron una de las parejas más mediáticas del espectáculo mexicano. Se casaron en 1988 y ese mismo año nació su hijo. Aunque su matrimonio terminó en 1996, mantuvieron una relación cordial a lo largo del tiempo.
Hoy, tras la muerte del productor, ese vínculo se resignifica en el recuerdo, en el duelo compartido y en un homenaje que, desde el escenario, busca mantener viva su memoria.
