Pasar al contenido principal
x

El valor de la amistad y la vejez

Dos personas mayores, amigos, sonríen juntas para celebrar el Día de la Amistad, reflejando el invaluable compañerismo durante la vejez.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Servando Nava E. / Colaborador

Como ustedes bien saben, soy una persona de la tercera edad y recientemente pasé por un problema de salud, que me ratificó la importancia de contar con amigos, verdaderos amigos, en esos momentos difíciles; pero sobre todo en esta etapa de la vida, en la que los viejos perdemos atractivo y empiezan a vernos y sentirnos, con obviedad o con discreción, como una carga; como un estorbo y son estos momentos los que nos permiten recuperar esa dignidad perdida y recordé algunos conceptos y emociones escritos hace un tiempo sobre la importancia de la Amistad en la Vejez y esbocé estas consideraciones que nacen del corazón, más que de la razón:

La palabra Amistad deriva de la voz latina “amicitas”, proveniente a su vez de “amicus” amigo y “amare” amar. Es una de las formas más bellas que vincula al hombre con los demás seres humanos. La expresión más elevada de la amistad se llama encuentro. Encontrarse no se reduce a una relación de vecindad, porque dos personas pueden compartir la vida y nunca identificarse con la amistad. Encuentro es la vinculación profundamente emocional de empatía, comprensión y afecto entre dos personas, que han tenido experiencias cercanas que los han relacionado y propiciado momentos de enormes satisfacciones.

 

En sentido estricto, la Amistad sólo es posible si se dan las siguientes condiciones: adoptar una actitud de generosidad, disponibilidad, compromiso, abrirse al otro y vibrar con él, sintonizarse con sus emociones, alegrías, penas, manifestarse de forma sincera y franca, pero sobre todo establecer lazos de Reciprocidad. Si no se establece este valor, las amistades son frágiles e inestables, porque no puede haber en la amistad esta desigualdad de emociones, entrega, correspondencia y afecto, solo serán acercamientos vecinales, superficiales u ocasionales. La Reciprocidad implica una respuesta similar en el trato, el interés, el sacrificio, el dolor, y la entrega incondicional en los momentos difíciles. La amistad se fortalece en la acción. Se cultiva en la perseverancia. Se afianza en ese ir y venir de emociones, sentimientos y pensamientos. Es una filigrana de encuentros, que nos motivan, que nos gratifican.

Curiosamente la Amistad se vigoriza y se valora con más determinación en la Vejez. Es cuando nos preguntamos: ¿quiero tener muchos amigos o reducir mi circulo a unos cuantos valiosos y recíprocos? que no solo sean amigos de lenguaje y verbo, sino de acción, disfrute y sufrimiento. En la edad avanzada, las amistades pueden ser una fuente especialmente importante de bienestar y satisfacción.

Las interacciones frecuentes con amigos cercanos pueden aumentar la felicidad en la vejez, curiosamente y con frecuencia, mucho más que con la familia cercana.

Afirma Katherine Fiori, profesora de Psicología de la Universidad Adelphi, en Nueva York, según un estudio entre estadounidenses mayores de 65 años: “…los encuentros con amigos resultaron más placenteros que aquellos con miembros de la familia. Estos resultados contrastan con investigaciones más antiguas que se enfocan más en la familia cercana como la fuente de apoyo clave para los adultos que envejecen…” y añade: “…Una ventaja de cultivar círculos más pequeños es que los lazos cuidadosamente seleccionados que quedan, tienden a ser de alta calidad. A medida que las personas envejecen, su perspectiva del futuro cambia, esencialmente tienen menos tiempo de vida, sus prioridades cambian y tienden a enfocarse a lazos más intensos emocionalmente…".

Creo que las personas de la tercera edad, aunque somos más indulgentes y tolerantes, también somos más exigentes con la calidad de los amigos que nos rodean, porque esperamos de ellos, riqueza cultural y emocional, apoyo y comprensión y aprovechar el poco tiempo que nos queda, con relaciones productivas y no perder el tiempo miserablemente con personas ignorantes, agobiantes, avasalladoras, gandallas, con pobreza de espíritu, porque, precisamente, puntualizaba Max Ehmarnn en 1927 en su poema Desiderata: “…Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, pues son un fastidio para el espíritu…”. 

Está demostrado en diversos estudios médicos que el tener buenos amigos reduce el espectro de la soledad, (uno de los tsunamis de la vida moderna) y las amistades profundas que eliminan o mitigan la soledad, colaboran en la salud mental y física de las personas de la tercera edad.

Así que luchemos por hacernos de grandes amigos en esta etapa de la vida, porque además de contar con la familia (cuando se tiene y esta sea de una calidad extraordinaria), que mejor que disponer del apoyo, el cariño y la comprensión de esos seres entrañables que se llama amigos. Sin amistades verdaderas se empaña el vivir.

Pero de la mano de un amigo, la partida será más calmosa y sosegada.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.