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El despertar como acto de voluntad

Una fila de jóvenes estudiantes de un internado, formados como parte de su rutina matutina, reflejando el despertar como un acto de voluntad.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

Para muchos de nosotros, la transición a la vida adulta se ve obstaculizada por una resistencia persistente a la realidad. El postergar la alarma es, en muchos sentidos, un intento de postergar el encuentro con el mundo y sus demandas. Sin embargo, en el contexto del internado y la escuela secundaria de Reyes Mantecón, donde brindamos atención psicoanalítica gratuita a través de nuestro Dispositivo Clínico-Social Infancia es destino, los chicos y chicas que ahí se encuentran han integrado a sus vidas un hábito que resultará fundamental para su vida futura.

A las cinco de la mañana, mientras la ciudad aún duerme, estos jóvenes inician una danza de actividad. Este "levantarse" a las cinco, podría ser en principio un acto pasivo de obediencia, pero no pasa mucho tiempo antes de que se convierta en una toma de posición frente a la vida. En la escucha clínica, hemos podido recoger que este margen de dos horas —de 5:00 AM a 7:00 AM— que transcurren antes de entrar a clases funciona como un espacio de transición psíquica fundamental.

En la adolescencia, el cuerpo suele sentirse como un territorio extraño y, a menudo, ingobernable. El hábito de madrugar impone un ritmo que obliga al sujeto a "hacerse cargo" de su propia presencia. El tender la cama o preparar el uniforme no son solo quehaceres, sonactos de ordenamiento mental. Entre las tareas que deben completarse antes de sentarse a desayunar se encuentra el aseo de las áreas específicas a cargo de cada grupo.  Paradójicamente, la estructura rígida del horario les otorga una libertad interna: al no estar a merced de la improvisación o la angustia del "no llegar". De esta forma, al realizar tareas que los dejan a punto para la jornada escolar, los jóvenes pasan de ser objetos de cuidado a ser sujetos de acción.

Es fascinante observar cómo un acto tan cotidiano y, para muchos, tan abrumador como despertar antes del alba, puede transformarse en la piedra angular de la estructuración psíquica. En nuestra práctica clínica dentro del internado, hemos pasado de ver el "madrugar" como una simple regla institucional a entenderlo como un dispositivo terapéutico silencioso.

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