- Segunda de dos partes
Por Jesús Antonio Martínez Carrasco
Como psicoanalista en formación y atendiendo a la secrecía de la identidad de los personajes en la siguiente anécdota, les pondré un nombre ficticio a cada uno de ellos. Sin embargo, el resto de los hechos son recogidos de los dichos de las protagonistas y algunos más siendo yo mismo testigo de que esto sucedió.
Una anécdota binacional
Margaret es una mujer oriunda de la ciudad de Nueva York, fue maestra de literatura por 20 años en los EEUU, ahora es jubilada y ha vivido en el centro de la ciudad de Oaxaca desde hace 6 años donde renta una pequeña casa en el centro histórico de la ciudad. Yo la conocí cuando uno de mis estudiantes me la presentó porque ella buscaba un maestro de español, ya que su dominio del idioma era básico.
Al hablar con ella le expliqué como era mi método de enseñanza y los costos de la clase. Al hablar de dinero ella pareció fastidiada. Después de decirme que me contactaría, me retiré no sin antes conocer a su mascota de raza pomerania llamada Molly.
El otro personaje de este evento es Guadalupe, oriunda de la Sierra Sur. Ella se dedica a la limpieza de casas, con frecuencia de extranjeros, en la ciudad de Oaxaca. Ocupación que ha tenido por más de 40 años. La conocí cuando estaba dando clases a una estudiante de Inglaterra. Después de coincidir en distintas ocasiones en la casa de mi estudiante inglesa, se creó una confianza tal que ella, por momentos, me compartía algunas vicisitudes por las que atravesaba en su trabajo.
Del desprecio del trabajo del otro al escarmiento de ese otro
En una de esas ocasiones, me compartió que también le limpiaba su casa a Margaret una vez por semana. Ella mencionó lo complicado que era ponerse de acuerdo en el pago por el trabajo que hacía en dicha casa ya que con frecuencia destinaba más horas de las habituales a la limpieza que realizaba en el espacio donde se encontraba Mollly; limpiar, barrer, o lavar el área y levantar las heces de la mascota. Un hecho que le causó coraje y odio fue cuando Margaret le pidió ir todos los días a su casa para darle de comer, beber y asear el área de Molly porque ella estaría fuera de México por 3 semanas.
Lo anterior sin mencionar nada del pago que haría la dueña de la mascota a Guadalupe. A su regreso del viaje, Margaret le pagó un total de 500 pesos por las 3 semanas. Dos meses después del evento anterior, Margaret volvió a hacerle la misma petición a Guadalupe, en esta ocasión la ausencia de la propietaria de la mascota sería por 6 semanas. Le pregunté a Guadalupe si había aceptado la propuesta, a lo que ella asentó con la cabeza y enunció lo siguiente —pero fue la última vez, no volverá a repetirse más.
El final
Unos días posteriores a la charla con Guadalupe, me encontré a Margaret en una de las calles del Centro Histórico de la ciudad, luego de saludarnos ella me preguntó si conocía algún lugar donde pudiera adquirir un pomerania, ya que Molly había sido envenenado mientras ella se encontraba de viaje.
Me confesó que tenía la sospecha de que había sido la señora del aseo, a quien le había encargado alimentar a su perro durante su ausencia. Margaret podría no estar equivocada. Cuando Guadalupe me comentó que sería la última vez, no lo hizo vacilando, al menos en ese caso, puedo sospechar su responsabilidad en el deceso del perro.
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