Alejandro José Ortiz Sampablo
Primera de dos partes
Les quiero compartir, queridas y queridos lectores, una nota que escribí en enero del 2019, la cual encontré al revisar notas para el segundo número de la revista que editaremos para el bimestre febrero-marzo.
Hoy en día me considero un hombre privilegiado. He tenido la fortuna de coincidir en tiempo y espacio con personas que me han heredado conocimiento y cariño; otras veces, tristeza, desilusión y enojo; por mi parte, también he realizado lo propio para dejar huella en los demás.
Una figura de trascendencia en mi formación como psicoanalista fue Silvia H. G., de quien conservo sus enseñanzas, sentencias, dichos y, con seguridad, algunos gestos. A casi tres años de la separación de la institución donde me formé —contingencia que se convirtió en una fortuna, aunque en su momento fue dolorosa—, conservo varias frases de Silvia, una de ellas: "Usted tiene una deuda con Oaxaca"; poco después me di cuenta de que dicha deuda se trata de devolver lo que ella me entregó.
La formación del psicoanalista tiene tres vertientes: la enseñanza teórica, el entrenamiento para la atención clínica y el análisis personal.
La enseñanza teórica
Inicio por ésta, pues, muchas veces, es el camino por donde se embauca a quienes tienen la ilusión de alcanzar un saber, en este caso el psicoanalítico. La enseñanza respecto de la teoría freudiana no es sólo asunto de memoria o de alcanzar la erudición; el método hasta cierto punto es tan simple que muchos se extravían en él.
Sigmund Freud creó un método de investigación para explicar algunas manifestaciones patológicas de su tiempo. Con él, no sólo logró elucidar el origen de algunas de ellas, sino también gran parte de la lógica de la vida psíquica de las personas llamadas normales. La enseñanza teórica consiste en que el psicoanalista en formación aprehenda este método de investigación, para que los conocimientos que adquiera los enlace a los diversos hechos de la observación analítica y de esa reunión, procure deducir nuevas conclusiones.
Un imposible
Por otro lado, la enseñanza teórica atraviesa por el Yo, entidad psíquica de la cual una de sus funciones es la denegación —esto, en aras de mantener su satisfacción y hegemonía—; por ello, cuando se habla de La formación de los psicoanalistas, nos referimos a un dispositivo clínico donde el psicoanalista transmisor se sirve de la teoría para desmantelar la omnipotencia del Yo. Pero, ¿cómo es esto posible, cuando lo que se puede constatar las más de las veces es que el Yo, entre más saber posee, se vuelve más regordete y pretencioso?
Continuará el próximo lunes…
En febrero inicia el ciclo 2024-2025 del Seminario de Formación de Psicoanalistas, con el tema: La obsesión: Clínica y dirección de la cura.
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