Por Lázaro Peña, Pbro.
Solemnidad, la Epifanía del Señor. Domingo 4 de enero de 2026. Blanco, MR p. 177 [189] / Lecc. I p. 456. Is 60, 1-6; Ef 3, 2-3 y 5-6; Mt 2, 1-12.
En la primera lectura se nos presenta el cántico de gloria de la futura Jerusalén de los tiempos mesiánicos, el profeta utilizó las más coloridas imágenes para expresar el gran sueño del pueblo de Israel; la descripción de la Jerusalén celestial está adornada con imágenes propias de la teofanía, nos describe a Yahvé en medio de su pueblo. De todo el mundo regresan los que habían emigrado, acompañados de paganos convertidos que reconocen la Gloria del Dios de Israel, al igual que los reyes paganos que le trajeron las riquezas de los pueblos al Dios Niño nacido en Belén. Mientras las tinieblas del mundo quieran disfrazarse de “luz” y mientras los pueblos no acepten al verdadero Dios, permanecerán en la oscuridad; solo cuando la humanidad acepte en su corazón al Emmanuel (Dios con nosotros) y haga vida su mensaje, entonces brillará la Luz verdadera sobre las naciones. Todos soñamos y anhelamos la paz verdadera, pero no la esperemos de un líder, un gobernante, etc., pues nadie nos traerá esa paz realmente edificada sobre la justicia, la verdad y el amor; solamente ese único Dios verdadero que, haciéndose uno como nosotros (en todo, menos en el pecado), nació en un pesebre; no hay otro “libertador” sobre la faz de la Tierra que Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, que murió por nosotros.
En la segunda lectura san Pablo revela el gran misterio que consiste en anunciar a todo el mundo el Evangelio de Dios, pues ya no existe monopolio o, mejor dicho, ya no debería existir monopolio de Dios, ya no debe haber creyentes, mucho menos ministros, que sientan tener el dominio sobre Dios, su Palabra o su Gracia; pues Dios ha revelado a sus apóstoles y profetas que Cristo debe ser predicado a los gentiles, a todo el mundo sin distinción alguna. No hay seres humanos superiores, a quienes Dios les haya dado una especie de “exclusiva”. Como vemos, la lucha contra el monopolio de Dios solamente se puede vencer desde Dios.
En el Evangelio se nos narra la manifestación del Niño Dios a los sabios venidos de Oriente, que estudiaban los astros, vieron su estrella brillar y fueron a adorarle.
En todos los países donde se cultivaba la ciencia astrológica, principalmente en Palestina, existía la convicción que cada niño nace en la coyuntura astral, por eso se dice que cada niño trae su propia estrella; y si aparecía una nueva estrella, hacía pensar que habría cambios importantes en la historia. Como el Nacimiento de Jesús era el acontecimiento más importante de la historia, tenía que ser anunciado por los astros; dicho anuncio ocurrió en el año 7 a. C., cuando se presentó la conjunción de Júpiter y Saturno, en la constelación de Piscis; incluso en los escritos de Qumrán apareció el horóscopo del Mesías; esto quiere decir que también los Judíos mezclaban las creencias astrológicas con las esperanzas mesiánicas.
En la manifestación de Jesús a los Magos venidos de Oriente (a quienes la tradición llama "Reyes Magos" y les ha dado el nombre pagano de Melchor, Gaspar y Baltasar), entendemos que Jesús se manifiesta a todos, no es exclusivo de nadie; para Dios no hay excepción de personas; en la Epifanía del Señor, se nos manifiesta que Jesús trajo la Salvación a todos: pobres, ricos, sabios, ignorantes, indígenas, prostitutas, etc., es decir, que la Salvación es para todo pecador arrepentido que lo acepte en su corazón como su único Salvador.
Los sabios siguieron la estrella del Niño Dios, pero se les perdió al entrar en el palacio de Herodes, por ser un lugar de tinieblas (injusticia, odio, envidia, muerte); al salir de ahí, nuevamente vieron la estrella y sintieron gran alegría. Así nos ocurre a nosotros, que al alejarnos del pecado, volvemos a ver la Luz del Salvador y ese es el motivo de nuestra alegría; no perdamos de vista esa Estrella, para no perder la alegría.
La Estrella de la fe nos guiará al recién nacido, porque solamente Él nos libera de la esclavitud del pecado, del odio, del egoísmo. No podemos cifrar nuestra fe en otro humano, cuántos de ellos actúan movidos por el interés personal, por más que lo oculten bajo la bandera del “bien común”.
"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"
Magos: No se refiere a personajes que hacen magia, como los magos que conocemos en la actualidad que aparecen conejos; sino que eran sabios que estudiaban los astros y vieron la estrella del Rey de los Judíos y por eso hicieron un largo viaje para ir a adorarle; son descritos según la imagen que se tenía de los sacerdotes astrólogos de Caldea (Dan 2, 2), representan a las naciones paganas.
Epifanía: Proviene del Griego "epi" (prefijo que significa sobre, encima) y de "phaínein" (verbo que significa brillar, aparecer, mostrarse, hacerse visible); se entiende como "manifestación" o "revelación". En esta Solemnidad recordamos la manifestación de la divinidad de Cristo en favor de la humanidad, representada en esos sabios venidos de Oriente; así, con esos personajes paganos, se nos recalca la "universalidad de la Salvación en Cristo Jesús". Como Solemnidad, la Epifanía es parte del Ciclo de la Navidad, en que la Liturgia de la Iglesia reconoce el sentido pleno de la manifestación de Cristo.
3 regalos: El Evangelio narra que los sabios de Oriente, al entrar a la casa, vieron al Niño con María, su Madre; se arrodillaron y le adoraron, abrieron después sus cofres y le ofrecieron sus regalos (Mt 2, 11): Oro, porque era la ofrenda que se daba a un rey; incienso, que se utilizaba para la adoración a Dios; y mirra que era utilizada para ungir y honrar al hombre. Esos tres regalos le dieron al Niño Dios, porque es el Rey de reyes, es verdadero Dios y es verdadero Hombre.
