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Ciencia y sociedad | Por un desarrollo sostenible y equitativo

Foto(s): Cortesía
Redacción

Yayo Herrero

 

En atención a los límites del planeta y al bienestar humano, es urgente hablar de la reorganización de los modelos de trabajo. Los empleos en sectores o actividades que no son socialmente deseables, como son la fabricación de armamento, las centrales nucleares, el sector del automóvil o los empleos que se han creado alrededor de las burbujas financiera e inmobiliaria, no deben mantenerse. Las que sí son necesarias son las personas que desempeñan esos trabajos, por lo tanto, el progresivo desmantelamiento de determinados sectores tiene que ir acompañado de un plan de reestructuración y fuertes coberturas sociales públicas que permitan transiciones justas hacia otro modelo productivo. 

Pero, para reconfigurar el modelo de trabajo, es preciso incorporar, visibilizar y dar valor a todos los trabajos, también a los no remunerados e imprescindibles para el bienestar humano. Es preciso reconocer como trabajo aquel que permite la reproducción social en el ámbito de los hogares; la clave es trastocar el modelo de división sexual del trabajo y repartirse entre mujeres y hombres. 

En un planeta físicamente limitado, la justicia se relaciona directamente con la distribución y reparto de la riqueza. La política económica ha desarrollado múltiples instrumentos para repartir la riqueza que están absolutamente vigentes en el momento actual. Reducir las desigualdades, cuando no es deseable ni posible ampliar la esfera material de la economía, nos lleva a un debate central: el de la propiedad. 

En una cultura de la sostenibilidad habría que diferenciar, por ejemplo, entre la propiedad ligada al uso de la vivienda o el trabajo de la tierra, de la ligada a la acumulación, y poner coto a la última. Durante los últimos años han proliferado múltiples experiencias que intentan ensayar modos alternativos de producir, cuidar o distribuir, de gestionar la propiedad, de financiar proyectos y a colectivos. 

Las personas organizadas en cooperativas de consumo agroecológico en todo el mundo se cuentan por miles; existen redes de cuidados compartidos que resuelven necesidades de atención a niños y niñas; residencias de mayores autogestionadas basadas en el apoyo mutuo; proyectos de cooperativas integrales y mercado social: medios de comunicación alternativos; software libre que ha sido capaz de plantarle cara a Microsoft. Estas experiencias son laboratorios sociales, a la vez que satisfacen las necesidades concretas de quienes participan en ellas. 

El difícil reto es conseguir que las personas deseen esta transición. No hay atajos y el trabajo colectivo en instituciones, redes y organizaciones ciudadanas de todo tipo es imprescindible. Es preciso reinventarnos y colocar en el centro de la sociedad otros objetivos que sustituyan a la expansión de los beneficios y del consumo como motores de cambio. Son necesarios los cambios por arriba y por abajo. Las transformaciones en el ámbito institucional, sin «pueblo» que las defienda y presione para conseguirlas, son poco probables. 


*Yayo Herrero López (Madrid, 1965) es una antropóloga, ingeniera, profesora, doctora en Sociedad, Política y Cultura y activista ecofeminista española. Es la investigadora más influyente en su campo a nivel europeo.

 

 

 

Las estrellas están hechas de hidrógeno

En el año 1925, Cecilia Payne-Gaposchkin, con su tesis doctoral Atmósferas estelares, formuló una idea revolucionaria: que el hidrógeno es el elemento más abundante del cosmos, y que las estrellas —incluido nuestro Sol— están compuestas principalmente por este gas. Su trabajo fue calificado como “la tesis más brillante jamás escrita en astronomía”. Y, sin embargo, fue ignorada.

Cecilia nació en Inglaterra en 1900. Muy joven consiguió una beca para estudiar en Cambridge, donde completó sus estudios, pero, por ser mujer, no recibió su diploma.

Se mudó a Estados Unidos, donde se convirtió en la primera persona en obtener un doctorado en astronomía del Radcliffe College, y más tarde, en la primera mujer en ser ascendida a profesora titular en Harvard.

Pero su nombre rara vez aparece junto a los de Newton, Darwin o Einstein. En los libros de texto, su hallazgo sobre el hidrógeno, base de la astrofísica moderna, sigue siendo atribuido vagamente a “la ciencia”, sin mencionar a la mujer que lo descubrió.

Cecilia Payne no es la única. Rosalind Franklin, vital en el descubrimiento de la estructura del ADN, y Lise Meitner, pieza clave en el hallazgo de la fisión nuclear, también fueron olvidadas mientras sus colegas hombres recibían premios y reconocimientos.

Este es un homenaje a todas ellas.

A las mujeres que desafiaron y desafían la invisibilidad; a las que cambiaron y siguen cambiando la historia, sin que el mundo se dé cuenta.

Porque fue Cecilia Payne quien, en medio del silencio, nos reveló una verdad monumental: Las estrellas están hechas de hidrógeno. Y el universo, de mujeres como ella. (Tomado del muro Datos Históricos, Facebook)

Responsable de la sección Ciencia y Sociedad: Leonardo Pino.

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