Por Ornela De Gasperin Quintero
El cambio climático ya no es una amenaza futura, sino una catástrofe humanitaria en curso. Actualmente, más de dos mil millones de personas viven expuestas a la aridez, el doble que en 1990. En 2024, el planeta registró el doble de eventos climáticos extremos —sequías, inundaciones, incendios— respecto al promedio de los años 2003 a 2020.
Cada incremento en la concentración de gases de efecto invernadero implica más calentamiento global y, por lo tanto, mayores impactos humanos. Si la temperatura global supera 1.5 °C, se eleva dramáticamente la posibilidad de cruzar puntos de inflexión de sistemas climáticos y biológicos, como el colapso de corrientes oceánicas (AMOC), el derretimiento irreversible de las capas de hielo o la muerte imparable de la selva amazónica.
Pero estos llamados son inútiles, porque la responsabilidad directa de la crisis climática no es culpa de la humanidad, ni de las acciones individuales, sino de los dogmas económicos irracionales en que se basa el sistema capitalista para mantener y acrecentar la explotación de los seres humanos y de los recursos naturales, en beneficio de una minoría social.
El sistema económico capitalista consume más recursos de los que el planeta puede sostener y regenerar, sin garantizar las necesidades básicas de miles de millones de personas. En los Países Bajos hay un millón de personas en inseguridad alimentaria, al igual que cerca de 60 millones en EUA, a pesar de ser economías supuestamente “desarrolladas”.
El problema de fondo es que nuestra capacidad productiva está captada por el gran capital y no está en manos democráticas. Muchas industrias no les dan valor a las sociedades, y, a pesar de que son sumamente contaminantes, no paran de crecer.
El cemento
La industria del cemento produce cerca del 8 % de las emisiones contaminantes globales. Desde 2000, su producción ha aumentado un 241 %. Reconstruir con métodos contaminantes unas 100 000 viviendas, de las más de 250 000 destruidas en Gaza por los bombardeos del gobierno genocida de Israel, generaría 30 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero, una cantidad superior a las emisiones anuales de más de 130 países.
La empresa CEMEX, participa en la venta de materiales usados para asentamientos ilegales en Cisjordania y en la construcción del muro de separación israelí, motivo por el cual el movimiento BDS promueve su boicot.
Tenemos que dejar de emitir gases contaminantes urgentemente, por lo que deberíamos redistribuir la infraestructura existente, construir con métodos de bioconstrucción lo necesario, y, sobre todo, dejar de destruir lo que ya existía, como la infraestructura en Gaza y Cisjordania que está destruyendo el Estado de Israel.
Aviación
La aviación es responsable de cerca del 3 % de las emisiones globales y su tráfico creció un 10 %, solo en 2024. Este es un medio de transporte profundamente desigual y elitista. El 80% de la población mundial nunca ha tomado un avión, menos del 5 %, hace viajes internacionales cada año, y el 1 % genera la mitad de las emisiones de la aviación comercial. Un vuelo México–París, clase turista, emite 1.5 toneladas de CO₂, menos de lo que contaminan en promedio los habitantes de 70 países.
La aviación privada es un caso extremo: cada vuelo genera 3.6 toneladas de CO₂, más que las emisiones anuales promedio de habitantes de 120 países, incluyendo México, Ecuador y Brasil. El 70 % de los aviones privados están registrados en EUA, y sus emisiones aumentaron 46 % entre 2019 y 2023.
Por si eso fuera poco, durante la pandemia, más de 10 000 aviones volaron vacíos o casi vacíos en Europa solo para que las aerolíneas no perdieran sus franjas horarias de despegue y aterrizaje, un reflejo de la irracionalidad del sistema económico.
La moda rápida y la industria textil
El sector de la industria textil es responsable del 35 % de la contaminación oceánica por microplásticos, del 20 % de la contaminación industrial del agua, genera más de 90 millones de toneladas de desechos textiles anuales y consume 79 billones de litros de agua anualmente, cantidad equiparable al 4 % del agua potable. Una única camiseta puede consumir hasta 20 000 litros de agua, lo cual equivale a la cantidad de agua que un individuo consume en un período de 20 años. Es necesario recordar que el 40% de la indumentaria no se utiliza.
El sector financiero corporativo
Los bancos como JP Morgan, CITI, BBVA y Scotiabank, entre otros, han invertido cerca de 7,000,000,000,000 (siete billones) de dólares en combustibles fósiles desde el Acuerdo de París. Mientras tanto, a los banqueros inversionistas les pagan (no ganan) entre 220,000 y medio millón de dólares: dinero que les dan para hacer, entre otras cosas, inversiones que queman nuestro planeta.
Bajo los dogmas económicos irracionales, se prevé que todas estas industrias sigan creciendo. Hay 15 megaproyectos aeroportuarios en el mundo, y se espera que la demanda global de cemento crezca hasta el 23 % para el 2050, en comparación con el año 2020.
El problema de fondo es que no se cuestiona el crecimiento continuo de sectores destructivos como el tráfico aéreo, la moda rápida, los automóviles privados o la producción de cemento y de plástico.
Pero no es posible “descarbonizar” una economía que sigue creciendo sin límites. Mientras los dogmas económicos capitalistas no se cuestionen, no habrá ninguna ‘transición’ energética.
Como advierte el IPCC, “un mundo sostenible frente al cambio climático requiere transformaciones profundas en nuestros valores, sistemas políticos, económicos y relaciones de poder”.
No se puede luchar contra la física, pero sí contra la economía.
¡No hay justicia climática sin justicia social!
FB: Ornela De Gasperin Quintero
Responsable de la sección Ciencia y Sociedad: Leonardo Pino.
