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Ciencia y sociedad: Economía feminista y ecológica

Foto(s): Cortesía
Redacción

Yayo Herrero

Los seres humanos somos una especie de las muchas que habitan este planeta y, como todas ellas, obtenemos de la naturaleza lo que necesitamos para estar vivos: alimento, agua, cobijo, energía, minerales… Por ello, decimos que somos seres radicalmente ecodependientes. En realidad, somos naturaleza. Sin embargo, las sociedades occidentales son prácticamente las únicas que establecen una ruptura radical entre naturaleza y cultura; son las únicas que elevan una pared entre las personas y el resto del mundo vivo. Concebir lo humano como opuesto y superior a la naturaleza impide comprender las relaciones de dependencia, conduce a considerar la naturaleza como un gran almacén a disposición de algunos seres humanos —los más ricos— y aboca a destruir o alterar de forma significativa la dinámica que regula y regenera lo vivo, en una tendencia absolutamente suicida. 

Además, somos seres profundamente interdependientes. Desde que nuestra madre nos pare hasta que morimos, las personas dependemos física y emocionalmente del tiempo que otras personas nos dan. Somos seres encarnados en cuerpos vulnerables que enferman y envejecen, que son contingentes y finitos. Durante toda la vida, pero sobre todo en algunos momentos del ciclo vital, las personas no podríamos sobrevivir si no fuese porque otras —mayoritariamente mujeres debido a la división sexual del trabajo que impone el patriarcado— dedican tiempo y energía a cuidar de nuestros cuerpos. 

Con voz propia

El sistema capitalista vive de espaldas a este hecho y considera el cuerpo como una mercancía más. Y si no se asumen la vulnerabilidad de la carne y la contingencia de la vida humana, mucho menos se reconocen aquellos trabajos que se ocupan de atender a los cuerpos vulnerables. La invisibilidad de la interdependencia, la desvalorización de la centralidad antropológica de los vínculos y las relaciones entre las personas y la subordinación de las emociones a la razón son rasgos esenciales de las sociedades patriarcales: «cuanto más devaluados están en el discurso social los vínculos y las emociones, más patriarcal es la sociedad». El sistema capitalista y la ideología neoliberal viven de espaldas a la ecodependencia e interdependencia, ignoran los límites o constricciones que éstas imponen a las sociedades, así como las potencialidades para la construcción de una vida buena que tiene el hecho de considerarlas como hechos antropológicos centrales. La economía feminista señala que existe una honda contradicción entre la reproducción natural y social de las personas y el proceso de acumulación de capital. La economía ecológica señala la inviabilidad de un metabolismo económico inconsciente de los límites biogeofísicos y de los ritmos necesarios para la regeneración de la naturaleza. El diálogo entre ambos paradigmas es, a nuestro juicio, imprescindible. Podría existir una sociedad que se ajustase a los límites del planeta, que redujese sus consumos y la generación de residuos y que, a la vez se sostuviese sobre relaciones de subordinación patriarcal. Muchas culturas, habitualmente mistificadas por personas y colectivos con sensibilidad ecologistas son profundamente patriarcales y en ellas existe una importante contestación feminista. 

Reorganización de los trabajos

Por otra parte, también sería posible establecer propuestas de reorganización de los trabajos desde una perspectiva feminista que pretendan construirse sobre un modelo productivo basado en una inviable extracción de materiales y generación de residuos. Por ello, creemos que ni la economía feminista, ni la economía ecológica son visiones omnicomprensivas. Cada una de ellas por separado son condición necesaria, pero no condición suficiente. Necesitan dialogar en plano de igualdad y, incluso el fruto de este diálogo deberá estar fertilizado por otras visiones de la economía política o de la economía solidaria que han realizado importantes avances en otros campos. En este capítulo, vamos a poner, de forma consciente, un peso mayor en la dimensión aportada por la economía ecológica. No porque, insistimos en ello, creamos que existe ningún tipo de jerarquía, sino porque la dimensión de la economía feminista está desarrollada con solvencia en otras partes del libro y nos parece de gran relevancia señalar aquellos elementos que pueden complementar, enriquecer o matizar la propuesta de la economía feminista.

(Tomado de: Herrero, Yayo. 2021. «Economía Feminista y economía ecológica, El diálogo Necesario y Urgente». Revista De Economía Crítica)

N del E: Yayo Herrero López (Madrid, 1965) es una antropóloga, ingeniera, profesora y activista ecofeminista española. Es la investigadora más influyente en el ámbito ecofeminista y ecosocialista a nivel europeo. Es doctora en Sociedad, Política y Cultura; en la actualidad es docente en diversas universidades españolas. Es autora y coautora de más de una treintena de libros y colabora habitualmente con diversos medios de comunicación. 

 

Responsable de la sección Ciencia y Sociedad: Leonardo Pino.


Economía feminista

La economía feminista señala que existe una honda contradicción entre la reproducción natural y social de las personas y el proceso de acumulación de capital. 

Muchas culturas, habitualmente mistificadas por personas y colectivos con sensibilidad ecologistas son profundamente patriarcales y en ellas existe una importante contestación feminista. 

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