Por Lubia Esperanza Amador
Se han puesto muy de moda las fiestas de bienvenida a los bebés, denominadas con el anglicismo: "Baby shower". La idea de estas fiestas es ayudar a la mamá (ahora ya también participa el papá), en su preparación para recibir a su bebé. Son fiestas que se distinguen por la alegría y la esperanza con la que nos preparamos para recibir a ese nuevo integrante que viene a iluminar la vida de la familia.
Bueno, pues el Tiempo Litúrgico del Adviento (esto incluye a las posadas), son una especie de Baby shower para "Emmanuel", el Dios con nosotros, el Salvador del Mundo; pues estamos preparándonos para su llegada, para celebrar su Nacimiento. Por eso, como en un Baby shower de ahora, el papel de la madre, en este caso de María Santísima, es primordial; solo que aquí, en lugar de que seamos nosotros quienes le demos consejos a esta "Madre primeriza", es Ella quien nos enseña a nosotros cómo se prepara el corazón para recibir al Niño Jesús.
Como en todo Baby shower, los regalos son parte importante dentro del festejo; actualmente suelen contratarse "mesas de regalos" en alguna tienda departamental. En este caso María Santísima sí tiene mesa de regalos, pero no en la tienda más cara, sino en muchas otras "sucursales de la Gracia"; en primer lugar está la Santa Misa, culto máximo de los católicos, donde podemos acudir a alimentarnos de la Palabra y del Cuerpo de Jesucristo (Jn. 6, 48 - 51, 66 - 69; Mt 26, 17 - 29; 1Cor. 11, 26; SC 56); está también el Sagrario, donde podemos adorar a su Hijo, verdaderamente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad (Jn 6); o en el confesionario más cercano, donde podemos reconciliarnos con Jesús en el Sacramento de la Confesión (Jn. 20, 21 - 23); están también todos nuestros hermanos, principalmente los más necesitados, a quienes podemos hacer toda clase de obras de Misericordia, tanto corporales como espirituales, y estaremos haciéndolas por el propio Jesús (Mt. 25, 40).
En fin, sería muy bueno que en este Tiempo de Adviento y especialmente en la "recta final", cuando celebramos el Novenario del Nacimiento de Jesús, a través de las Posadas, no nos distraigamos entre tanta publicidad, tanta variedad de artículos navideños, los intercambios de regalos, las fiestas de fin de año donde reinan los excesos, etc; no, por el contrario, tengamos muy presente que el verdadero sentido de la Navidad, es celebrar la presencia renovadora de Cristo que vino a salvar al Mundo (1Jn, 4, 10 - 14).
Qué tan importante es el Nacimiento de Jesús, que "partió” en dos la historia de la humanidad, por eso decimos: “en tal año antes de Cristo, o después de Cristo”; y por eso la Iglesia Católica dedica este tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.
Este año fijémonos el propósito de preparar en nuestro corazón el mejor pesebre para recibir al Niño Dios y que no tenga que "huir" de ahí, como cuando sus Papás tuvieron que esconderlo en Egipto; sino que nuestro corazón sea su eterna morada. ¡Que así sea! ¡Ven, Señor Jesús!
