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Vivir en Armonía: Mensaje navideño

Una imagen conceptual que ilustra el mensaje navideño de vivir en armonía, invitando a la reflexión y la paz durante la temporada.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Dr. Servando Nava Echeverría

La Navidad nos acerca al momento de las reflexiones bien intencionadas, a los sueños inconclusos, a las peticiones de realización, a solicitar una vida longeva y estamos en espera de los favores de la divinidad, para ver si adorándolo un día, nos beneficie por el resto del año. En esta Navidad deseo cordialmente que lo logren y nos acerquemos a un encuentro con la espiritualidad a través de la Fe.

Pero lo conseguiremos a través de una fe activa, de una fe dinámica, de una fe con acciones, con una fe sustentada en la iniciativa, en el compromiso, en el esfuerzo, en la dedicación, en el respeto a los otros. En el marco de la honestidad y de la integridad, de la dignidad y de la perseverancia, se dará la fe. La fe es el resultado de aplicar los dones divinos de la imaginación, de la voluntad, de la conciencia y de la moralidad.

Esta Nochebuena, para que nuestra fe tenga mayores resultados, desarrollemos el valor del Afecto. ¿Qué es el Afecto? Es la expresión cálida, consciente y voluntaria para manifestarle a una persona cariño, consideración, trato amable y delicado, siempre con la sonrisa y la demostración perceptible del agrado. Es algo que fluye entre las personas, es algo que se da y se recibe. Proporcionar afecto y ternura es algo que requiere de esfuerzo y es algo esencial para los seres humanos, ya que facilita las cosas y es la base del amor. La delicadeza es la característica más evidente de este valor. Este sentimiento tiene siempre resultados favorables en una relación de cualquier índole: con la pareja, con los hijos, con los compañeros de trabajo, con los vecinos, con los amigos, ya que seguramente esa relación culminará con la mayor de las bendiciones, porque el Afecto es el valor de las personas extraordinarias y admirables, que revelan calidad humana.

Pero el Afecto tenemos que demostrarlo todos los días, no solamente en fechas especiales. Pero claro habrá fechas más significativas para revelarlo. Por ello, en esta Navidad brindemos el mayor de los afectos a todos los seres que nos rodean, a nuestras familias, a los amigos, y en general, deseo vehementemente que en nuestra patria y en nuestra sociedad siga prevaleciendo un clima de libertad absoluta, que el año que pronto iniciaremos se caracterice por un ambiente matizado de un clima ético, donde sobresalga la Responsabilidad y el Compromiso, pero fundamental que se distinga por el valor de la Sinceridad.

En esta Navidad formulemos esta reflexión ética: “Solamente cuando en el interior de nuestras almas y de nuestro corazón se instalen los grandes valores, entonces podremos generar un resultado sensacional, una cualidad divina que se llama Confiabilidad. Que tristeza tener que compartir la vida con personas que no son confiables, porque su forma de actuar es impredecible, deshonesta, sin compromiso, sin dignidad, sin valores”.

Quizás los recuerdos de la infancia nos aclaren cual es la ruta que debemos de andar los adultos y su riqueza de ingenuidad, seguro nos ayudará a definir el sendero a recorrer por esta agitada vida. Evoco con nostalgia a los Reyes Magos que tanto nos endulzaron la vida ahí en los remotos tiempos de la infancia, al paso de los años ya no creemos en ellos y finalmente, acabamos siendo nosotros los Reyes Magos. Este argumento significa que, en estas fiestas navideñas, la felicidad que nos prodigaron esos míticos personajes de la infancia, hoy tenemos que revivirla con la limpidez de entonces, cuando nuestras almas inocentes tenían un estremecer misterioso, porque hoy, de adulto experimento, desafortunadamente, una existencia como empañada por los actos no éticos que a diario realizamos gran parte de los humanos. 

He pensado frecuentemente que la desventura de la vida estriba precisamente en no tener un escondrijo para las fantasías. La vida se vuelve demasiado real, demasiado seria. Por eso, que mejor experiencia recordar esos momentos de las navidades pasadas, que contenían maravillosa candidez, de aquella infancia libre de las mortajas de la fría realidad, misma que poco a poco ha ido estrechando mi imaginación y por ello, lucho neciamente en la nube de mi paciente escritura, volviendo a recorrer los caminos de lo que ya se fue, y nuevamente hoy, volverlos a sentir, como en mi infancia, en esta Nochebuena, rodeado de afecto con todos ustedes.

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