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Lenguaje y modales

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Dina Ramírez Gutiérrez

En las instituciones de educación básica del estado de Oaxaca se organiza con mucha dedicación un comité de padres de familia con el objetivo de atender las necesidades logísticas de la misma, entre ellas, la cooperativa escolar, la cual, en las escuelas rurales, tiene un importante papel ya que, además de muchas otras actividades prepara y expende alimentos, muy ricos, por cierto. 

En el desayuno

En días pasados, después de una actividad con los pequeñines de una primaria en una comunidad mixteca, fui al comedor de la escuela y, mientras degustaba unas ricas memelitas recién bajadas del comal, vi acercarse a una pequeña como de 9 años que venía platicando animosamente con una amiguita, al entrar solo dijo "dos memelas" tomó asiento, las recibió, y cuando terminó de comer, se levantó y se fue. Pensé “¡wow!”, no porque la juzgara, sino porque estaba observando una expresión de su vida psíquica. No sólo el dicho llamó mi atención, sino el tono seco con que las pidió. 

Bebía mi cafecito mientras platicaba con las señoras de la cocina cuando llegó un niño, se acercó con cautela y saludó con un “¡Buenos días!” y pidió sus memelas diciendo "por favor". Se las despacharon, pago, dijo “Gracias” y se fue. Al cabo de un rato, regresó, sonriente entregó su plato y dijo un mágico "Muchas gracias, comité", Volví a pensar “¡wow!, más expresiones de la vida psíquica”.

Los efectos de la cortesía

En ese momento, llegó a mi mente el fenómeno que nos ha traído el Binnibus con sus operadoras y operadores que te reciben con una sonrisa y buen talante. Al principio lo sentí raro ya que no estaba acostumbrada a saludar a chofer, pero ahora me doy cuenta de que me hace feliz. Me parece increíble que un saludo ameno te cambie el estado de ánimo.

En nuestra dinámica diaria suele pasar qué muchos malos entendidos suceden porque no nos gusta la actitud de la otra persona o porque nos relacionamos con los otros sin cortesía. 

La cita

Un día recibí un mensaje de una chica por WhatsApp que decía: “Quiero que me agendes una cita”. Respondí: “Buenas tardes, claro que sí. Te puedo escuchar hoy o mañana” y le dije los horarios. Ya no me respondió sino hasta tres semanas después en el mismo tono, tras lo cual volvió a dejarme en visto y un mes después se concretó la cita. Esa forma de comunicarse podría ser sancionada como “mala educación” e incluso grosería y una persona moralista le negaría el servicio o la recibiría sólo para tratarla mal porque se habría autorizado a hacerla pagar su descortesía. Sin embargo, durante la formación psicoanalítica se nos conmina a desprendernos de esos juicios morales para poder llevar a cabo una investigación de la vida psíquica de cada individuo y no sólo juzgar las expresiones de ella. 

Estar imposibilitado para expresar apropiadamente nuestros deseos o pensamientos a los demás, no mostrar respeto y educación nos puede traer muchas dificultades. ¿Recuerdas haber tenido alguna de estas actitudes cuando eras pequeña o pequeño? ¿Esas expresiones de tu vida psíquica en la infancia han cambiado? ¿Puedes imaginar qué tipo de dificultades se podrán presentar a raíz de las formas de expresión de la niña y probablemente los beneficios qué recibirá el niño con su actitud? Es muy atrevido pensar en esas posibilidades, pero... ¿cómo te va en la vida a causa de tu lenguaje y modales? 

 

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