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LECTURAS PARA LA VIDA. Tecnologías y competencias expresivas

Un joven aislado del entorno mientras utiliza su smartphone, representando el impacto negativo de la tecnología en las competencias de comunicación.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Rafael Alfonso

En voy a hablarles de las competencias expresivas que debe tener un psicoanalista. Hemos transitado ya una cuarta parte de este primer siglo del nuevo milenio y todos podemos darnos cuenta de que la super tecnología que hoy abarca prácticamente toda expresión humana —cuya última proeza es la inteligencia artificial—, ha traído consigo una consecuencia inesperada, que a muchos podría sorprender, y es la inhibición de nuestras capacidades comunicativas. La hiper tecnologización ha incidido, y no siempre de manera positiva, en las capacidades comunicativas y expresivas de gran parte de la población, viéndose afectados, de manera particular, los más jóvenes.
Para quienes estudiamos el alma humana no nos causa tanta sorpresa lo anterior porque sabemos que la instancia psíquica llamada Yo tiende a mantenerse exento de estímulo y lo que sucede con las computadoras, las pantallas, tabletas y teléfonos móviles, al concentrar contenidos y recursos virtuales, es que van a permitir al Yo capotear y hasta evitar las interacciones en el mundo real, compañeros de juego, amistades, familiares e incluso amores, todas ellas, a su modo, relaciones verdaderamente problemáticas. No es de extrañar que desde muy niños se acusen problemas severos de comunicación, ni que estos sean proporcionales al tiempo que los jóvenes pasan conectados a los dispositivos.
Con sus “asegunes” y excepciones sabemos que esta es una simplificación generalizada de un fenómeno que tendrá sus propias aristas en cada caso particular, pero todos hemos tenido la experiencia de ver a jóvenes a quienes se les dificulta mucho resolver asuntos como, solicitar información, establecer contactos comerciales, o seguir las reglas elementales de urbanidad, como cabría esperar en un adulto. Un ejemplo clásico de ello es hacer trámites ante una institución pública. En la clínica, nos hemos anoticiado de jóvenes que son acompañados por sus padres para inscribirse en la universidad.
Obviamente, como psicoanalistas nosotros no podemos permitirnos caer en lo mismo,
máxime que nuestro trabajo nos exige, no solamente tener una óptima comunicación con él paciente, sino también poder difundir nuestra labor por diferentes medios, uno de ellos, este diario.
En el Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica (INEIP A.C.) tenemos diferentes
actividades para que nuestros colegas del instituto y también personas interesadas,
adquieran estas competencias expresivas y comunicativas, ya sea hablar en público, redactar una nota o, en general, todas las que implican tratar con nuestros semejantes. Es parte de nuestra responsabilidad mostrarle, sobre todo a nuestros jóvenes pacientes, cómo enfrentar este tipo de desafíos, y, siendo psicoanalistas no podemos quedar paralizados ante esta necesidad de nuestra vida cotidiana.

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