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La soledad

Foto(s): Cortesía
Aleyda Ríos

Ramón Guzmán Alvarado

A menudo nos confrontan momentos que creíamos no nos podía pasar, situaciones en las cuales estas solo o sola, y no hay quien te ayude, por ejemplo cuando por un camino solitario de pronto se apaga el motor del auto, bajas y checas que pasa, pero como no sabes de mecánica da lo mismo, así que volteas a todos lados para ver si hay alguien alrededor y te das cuenta que estás lejos de un lugar poblado, eso te da incertidumbre y te sientes impotente.

Hay otros casos en las que en verdad la soledad viene acompañada de un silencio profundo, de falta de una motivación, de una razón para vivir, no hay música en nuestra vida y no hay una persona para compartir.

Orquídea es una señora extraordinaria; llegamos en una ocasión con un amigo y su familia, por azares del destino nos disponíamos a vivir una experiencia nueva, ellos se disponían a salir hacia el campo, llevaban en su pequeña camioneta, enseres propios para cuando uno se prepara para un campamento o algo por el estilo, nos dijeron acompáñenos a visitar a nuestra amiga Orquídea, los acompañamos, nos internábamos en un bosque tupido de pinos, araucarias, y demás arboles maderables de un bosque que se veía umbroso, espeso, incluso algo frío, avanzamos cuesta arriba, por un camino sinuoso, después de un rato de viajar por la terracería húmeda y tupida de arbustos verdes y bellas flores silvestres, nos detuvimos frente a un cercado a base de alambres de púas.

Una señora madura de aspecto fuerte y noble a la vez, corrió el portón y nuestros amigos entraron a un terreno amplio con un paisaje similar al bosque que recorrimos, era un lugar en lo alto porque al fondo se veían grandes cerros, abajo una maleza tupida, cerca de una casa se admiraba una milpa floreciente, verde y a la vez pletórico de elotes.

Entramos a la casa, era un espacio acogedor, bien diseñado, una casa muy bien acondicionada, nos decía la dueña que su diseño fue ideado por unos amigos, de tal modo que la casa fuera auto sustentable. Su cocina era de barro, un pequeño horno para hacer pan, un fogón rústico pero bonito, una mesa de ladrillos, sillas rústicas, en fin un espacio bello.

Una mujer sola, en el fondo de aquel bosque, un lugar aparentemente remoto... nos extrañó la felicidad que irradiaba el rostro de aquella mujer, nos compartía de un suculento desayuno todo orgánico, todo vegetariano, departimos con una persona según nosotros, fuera de lo común. Sola en medio de aquel hermoso bosque, le compartimos nuestro asombro, le preguntamos ¿no se siente sola?

Nos respondió ¡la gente se siente sola porque no sabe quién es o cuál es su misión en el mundo. Lo más seguro es que si se sienten solos es porque no creen en las entidades divinas. La soledad está en la mente.  En el corazón: ¡el alma! Aún seguimos reflexionando sobre la soledad.


Contacto: [email protected]


"Si se sienten solos es porque no creen en las entidades divinas. La soledad está en la mente".  

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