Primera de cinco partes / Alejandro José Ortiz Sampablo
Ha llegado el momento de continuar con la historia ficticia que inicié con la intención de poner de relieve: cómo la historia de los padres influye en el destino de los hijos. Aunque en el camino tropezamos que esta no es lo determinante en la disposición psíquica que el o la hija adoptan ante el mundo, pues existe una fuerza interna en los seres humanos que alcanza expresión en conductas y afectos, lo que es imposible de evitar. Sin embargo, veremos cómo la historia individual y la de pareja de los protagonistas (Alondra y Juan), padres de nuestro joven de este siglo, va a incidir en el padecimiento de su hijo.
Cambio de sueños
Para quien lee por primera vez estas notas, podrá replicar que lo siguiente pierde validez, pues como lo recordé en el párrafo anterior, la historia es una ficción; a mi favor puedo decir que hube de crearla para no exponer un caso clínico y correr el riesgo de exponer la intimidad de algún paciente. Por otro lado, podrán juzgar que lo narrado hasta ahora y lo que sigue, no está alejado a lo que sucede en la vida cotidiana; incluso la historia puede contener matices que hagan se identifiquen con ella o se les haga conocida.
Hasta la tarde lluviosa que Juan se presentó como su salvador, para Alondra él pasaba desapercibido, pues aun cuando juan hizo todo lo posible para encontrársela en los pasillos de la facultad, para ella él era un chico más a quien le devolvía la sonrisa; además, que estaba lejos de cumplir con el tipo físico que ella buscaba en un hombre. Para ese entonces, Alondra no se percató que hacía mucho tiempo había dejado de verse a sí misma, que la creatividad que desde pequeña utilizaba para crear y recrear sus prendas de vestir para verse bonita, así como la vivacidad que la caracterizó desde pequeña para encontrar el momento para ser el centro de las reuniones familiares, las había cambiado por la ilusión que se despertó cuando vio el trato que su tío, abogado de profesión, le prodigaba a su tía Abigaíl. Se imaginaba siendo la esposa amada, llena de atenciones y de vestidos que no tendría que costurar ella misma; en sus fantasías, el amado no tenía rostro.
Coincidencias y fortuna
Por otra parte, en el año que dejó de estudiar, su vida dio un giro. En plena desilusión amorosa se le presentó la oportunidad de entrar a trabajar en una dependencia de gobierno, donde conoció a Alberto, su jefe, quien quedó inmediatamente enamorado y a pesar de que era casado y 22 años mayor, iniciaron una relación, de la que por un lado obtenía parte de aquellos anhelos, pero sabía que era la amante y aunque esto no le era de total desagrado, también le deparaba un sinnúmero de conflictos morales. Esa tarde que dejó el tacón de la zapatilla en la reja del desagüe, había decidido terminar dicha relación, pues se mortificaba con sentirse una mala mujer.
Continuará en la próxima serie del sábado…
¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!
