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Consultorio del Alma: Cuenta Conmingo | Psicoanálisis y formación, sección para la enseñanza | Instancia psíquica: Un concepto para pensar | Parte 20

psicoanalisi
Foto(s): Cortesía
Redacción

Alejandro José Ortiz Sampablo 

(Parte 20)

Es de conocimiento popular las diferencias entre la disposición psíquica que mujeres y hombres tienen ante la vida, la familia y el amor. En el caso de la mujer, por lo general, se exalta su actitud tierna y protectora, además de la ilusión que manifiesta cuando de la pareja se trata, pero poco se sabe lo que la investigación psicoanalítica ha brindado al respecto de cómo surge dicha disposición femenina.

Los hombres de Marte, las mujeres de Venus

Por el momento nos bastará con mencionar de dónde procede el desarrollo psíquico que alcanza la mujer, al cual sólo aludí en la nota que antecede. Este procede de las consecuencias psíquicas que en ella acontecen por toparse, en la tierna infancia, con la diferencia anatómica de los sexos, pues en el tránsito que iniciará a partir de dicho encuentro, muda de objeto de amor —no sólo una vez— y también de zona erógena, situación que en el caso del varón no acontece, pues éste continúa con su mismo objeto de amor y la supremacía de su pequeño órgano, y aunque en él deviene un sentimiento de angustia —al que conocemos como angustia de castración—. Ésta no es capaz de llevarlo a otro desarrollo, por lo que es fácil de encontrar a hombres dominados, ya sea por dicha angustia o por su placer —de órgano, le llamamos—.

Así que podemos deducir que, en la relación amorosa, como al inicio de esta, tanto el hombre como la mujer, calculan, quien diga lo contrario, hemos de decir que tiene un problema de negación. En el hombre, el cálculo se reduce a su placer de órgano. Mientras dure la felicidad y se vea exento de estímulos que lo incomoden por parte de la pareja, estará enamorado o le llamará amor a lo que le sucede. Por otro lado, la mujer deposita un sinnúmero de ilusiones —tanto en la contraparte, como en su ideal del amor y en lo que desea ser para el otro, por mencionar algunos elementos—, los cuales son la expresión de lo que llamamos “los fantasmas de lo femenino”, mismos que ya he mencionado en otras notas; los más habituales son: el anhelo de ser amada, de ser deseada y de ser la única; el sentimiento de minusvalía y el de vacío. Agreguemos a estos la relación con su cuerpo y el miedo a la soledad.

“[…] yo le respondí que podíamos hablarlo […]”, como lo mencioné, por el contexto que nos brinda el involucrado en su pequeña carta, se puede deducir que intenta ser conciliador y gentil ante los reproches que ella le realiza. De la misma manera, podemos suponer que él, durante la relación sentimental “abierta y absolutamente consensuada”, sostuvo la misma disposición. Esta frase nos brindará como el involucrado privilegió, en primera instancia su placer de órgano, en este caso el acceso a su goce sexual con la susodicha.

Primer engaño del Yo

“[…]A partir de que nos conocimos tuvimos una buena relación, primero de amistad y después sostuvimos una relación sentimental abierta y absolutamente consensuada […]”. ¿Quién pretende tener una relación sentimental abierta?, ¿es posible? Es sabido de antaño que con los sentimientos no se juega, pues una vez que estos se involucran, no existe control sobre ello. Así que pretender una relación sentimentalmente abierta es dar pruebas de audacia por parte del Yo. ¿pero, por qué decide correr tal riesgo?

Continuará el próximo sábado…

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Para saber:

Disposición psíquica

En el caso de la mujer, por lo general, se exalta su actitud tierna y protectora, además de la ilusión que manifiesta cuando de la pareja se trata.

Relación amorosa

Así que podemos deducir que, en la relación amorosa, como al inicio de esta, tanto el hombre como la mujer, calculan.

El hombre

En el hombre, el cálculo se reduce a su placer de órgano. Mientras dure la felicidad y se vea exento de estímulos que lo incomoden por parte de la pareja, estará enamorado o le llamará amor a lo que le sucede. 

La mujer 

Ella deposita un sinnúmero de ilusiones —tanto en la contraparte, como en su ideal del amor y en lo que desea ser para el otro.

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