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Consultorio del alma. Cuenta conmigo. Psicoanálisis, política y ciudadanía. La supremacía del Yo y la destrucción del hábitat

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Alejandro José Ortiz Sampablo

La mañana del domingo al leer una noticia en un diario nacional recordé dos situaciones, la primera, mi estancia en la ciudad de México; la segunda, un pensamiento que pronuncié en voz alta.

Un fenómeno psíquico común que nos acontece a los seres humanos es el privilegiar nuestro bienestar sobre cualquier cosa. Algunos lectores pondrán en cuestionamiento tal aseveración, pues para quienes padecen algún tipo de neurosis esto parece no aplicar. Sin embargo, lo que estoy por contarles ha operado de modo parecido a dichas enfermedades nerviosas, se trata de la enfermedad que sufre nuestro planeta: la contaminación.

Situación primera

Entre otros datos, la nota mencionaba lo siguiente: “El transporte y la industria son los principales agentes precursores de ozono y partículas contaminantes, de acuerdo con la Dirección de Monitoreo Atmosférico de la CDMX. A ellos, se suman los comercios, los servicios e incluso, los aviones. Los automóviles, autobuses y camionetas, en conjunto, aportan el 48 por ciento del óxido de nitrógeno (NOx); en cuanto a los compuestos orgánicos (COV), los mismos vehículos aportan en conjunto el 15 por ciento. Ambos contaminantes son precursores del ozono”.

Cuando se vive en una gran urbe como lo es la CDMX es sencillo olvidar que dirigirse al trabajo de manera masiva o llevar a los hijos a la escuela tenga tal repercusión, pues lo que importa en el momento es estar puntual. El párrafo anterior es parte de la respuesta a una interrogante que el autor abre: “¿Qué causa la contaminación del aire en la CDMX?”. Aun cuando la respuesta es adecuada, no es la causa principal de la contaminación, pues esta no es sino el resultado de un sinnúmero de acciones llevadas a cabo generaciones atrás,  a las cuales, en su momento, se les dio preponderancia por sobre la conservación del hábitat.

Al observar la inmensa ciudad, se puede uno sorprender de la gran cantidad de concreto que en ella está vaciado, entre casas, edificios y, desde luego, calles. Si en algún momento te tocó vivir en una colonia donde las calles eran de terracería, ¿recuerdas lo feliz que fuiste al no empolvarte o enlodarte los zapatos? Podríamos decir que la llamada modernidad es el resultado de la búsqueda del bienestar del Yo, quien, al parecer, con tal de alcanzar su confort, poco le importa si las acciones que emprendió para ello posteriormente lo lleven a enfermar o, en este caso, a alterar gravemente su hábitat.

Situación segunda

El año pasado tuvimos una buena temporada de lluvias. En uno de esos días tenía que realizar varias diligencias. Al disponerme a salir, en la sala de espera del consultorio expresé en voz alta el siguiente pensamiento, “Chin, ¿está lloviendo?”. Una pequeña de once años paciente de mi colega Clarisa, que me alcanzó a escuchar, expresó: “¡Si la lluvia es bonita!, a mí me gusta. Además es necesaria para la vida. Si no lloviera, no tendríamos agua en nuestras casas. Me gusta mojarme cuando llueve, aunque a mi mamá no le gusta”. Me sentí apenado por la enseñanza que acababa de recibir, pues en ese momento mi única preocupación era que me mojaría al trasladarme en la motocicleta.

¿Quieres saber más?  Pide informes a los teléfonos 951 244 7006/951 285 3921 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.!

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