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Consultorio del alma. Cuenta conmigo: La vida anímica según Freud

Foto(s): Cortesía
Redacción
  • Segunda de dos partes

Por Fausta Ibáñez Ríos

 

Continuando con la explicación de la vida anímica, les mencioné en la primera parte de esta nota que, de acuerdo con la segunda tópica de la teoría de Sigmund Freud, la psique (alma) está constituida por Instancias Psíquicas (ELLO, YO, SUPERYÓ), y que se lleva a cabo un dinamismo psíquico entre ellas. Son fuerzas en movimiento contraponiéndose entre sí, y salen a la luz a través de pensamientos, emociones, sentimientos, conductas y síntomas.

¿Qué es el Ello?

El Ello (id) Es la primera instancia psíquica y está presente desde el nacimiento del bebé. Es lo más primitivo del ser humano, ahí se hallan las pulsiones, los deseos inconscientes y las necesidades biológicas fundamentales (como la necesidad de comida, el sexo o la agresión). Está regido por el principio de placer, el ello busca la gratificación inmediata de estos deseos sin tener en cuenta las normas sociales, ni las realidades o necesidades del mundo exterior, el ello es totalmente inconsciente y no tiene contacto con la realidad.

¿Qué es el Yo?

El Yo (ego) es la segunda instancia psíquica que parte del ello y se comienza a desarrollar a medida que el bebé va descubriendo que hay un mundo exterior. Es la parte de la psique que se encarga de mediar entre las exigencias o demandas del ello, y las exigencias de la realidad externa. Está regido por el principio de la realidad, lo que significa que actúa con base en la evaluación de lo posible, lo aceptable. El Yo permite la adaptación de los impulsos del ello de acuerdo a las exigencias del entorno social y cultural.

Sin embargo, a medida que el yo interactúa con el mundo exterior (mamá, papá, familia) otra Instancia psíquica comienza a desarrollarse. El Superyó. 

¿Qué es el Superyó? 

El Superyó (super-ego) Es la tercera instancia psíquica, el componente moral de la psique. Se desarrolla a lo largo de la infancia y surge como resultado de una internalización de las normas y valores sociales, principalmente provenientes de los padres y figuras de autoridad.

El Superyó actúa como una especie de “conciencia moral” y tiene la función de controlar los impulsos del ello que son socialmente inaceptables. Regula, castiga con la culpa, la vergüenza y premia con el orgullo. 

Reflexión

La vida anímica no es solo individual: también es social: se forma en relación con los otros, con las historias familiares, las normas culturales, con el lenguaje, lo que sentimos está atravesado por el contexto en el que crecemos.

Hablar de vida anímica en un mundo cada vez más volcado hacia lo externo —la productividad, las redes sociales o el consumo inmediato—, puede parecer un acto subversivo. Sin embargo, este universo interno, complejo y muchas veces inexplorado es la base de nuestra experiencia.

Cuidar la vida anímica no es solo tratar síntomas, sino conocer ese espacio interior en tiempos donde el estrés y la ansiedad parecen moneda corriente. Cuidar la vida anímica puede ser una forma de resistencia porque al final, aunque vivamos rodeados de pantallas y estímulos, lo que más nos define es ese espacio desconocido que llevamos dentro.

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