Sindri Velasco Aguilar
Hace mucho tiempo, cuando iba en la preparatoria, familiares y amistades me preguntaban a qué me quería dedicar; mi respuesta era: “quiero ser Psicóloga”, a lo que me cuestionaban el porqué. A muchos no les parecía bien, ya que tenían la percepción de que “la psicología es para locos”; otros me decían “échale ganas”, lo cual me daba ánimos, me agradaba.
Deseaba estudiar Psicología para conocer más del comportamiento humano y su mente. Me intrigaba saber por qué el ser humano actuaba de manera determinada sin reparar en las consecuencias de sus actos.
Búsqueda infructuosa
Tiempo después, llegó el momento de buscar universidades donde tuvieran la Licenciatura en Psicología; en aquel entonces, en Oaxaca, la mayoría de dichas universidades eran privadas y mi familia no podía permitirse costearlas; por esta razón decidí solicitar mi ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero no fui aceptada.
Mi padre, al ver mi desánimo, me alentó a buscar otra licenciatura en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), donde encontré la Licenciatura en Sociología. Me interesé en ella, pero al leer la currícula de la Licenciatura en Derecho, encontré que ésta incluía la materia de Psicología Criminal, motivo por el cual me incliné a estudiar dicha carrera. Para mi sorpresa, nunca llegué a tener la mencionada materia, estudié los cinco años y terminé mis estudios en Derecho; sin embargo, esto no me satisfizo y quedé un tanto frustrada.
Después de pasar por todo lo anterior, yo no quería volver a tocar el tema de la Psicología, pero sucedió lo inesperado. Conocí a mi actual pareja; un par de meses después de concretar la relación, me enteré de que él acudía a un seminario de estudio en el Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica A.C. (INEIP); no lo podía creer, por un momento dije: “es el destino”; pero mi sorpresa fue que no estudiaban Psicología, sino una disciplina diferente llamada Psicoanálisis.
Un amoroso compromiso
Aunque al principio no le tomé tanta seriedad a sus conferencias, textos y programas de radio, pasados ocho meses me integré al INEIP para tomar tanto seminarios como terapia. Así llegué a conocer más del Psicoanálisis y de aquello a lo que se enfoca. Me llegó a gustar mucho, al grado de escribir textos como el que ahora estoy redactando. Acudí a pláticas y conferencias dirigidas por mis compañeros, con quienes comparto la alegría y he ido constatando el crecimiento que con el tiempo han tenido dentro del Instituto.
Es así como termino este texto, exteriorizando que para mí, Sigmund Freud fue una eminencia de persona al investigar priorizando la escucha de quienes los demás médicos no querían escuchar; al innovar nuevos métodos de cura e indagar en los pensamientos más profundos de los seres humanos, así como investigando acerca de los sueños, que es donde, de una manera rápida, figuramos el cumplimiento de nuestros mayores deseos.
Freud nos dejó un legado teórico con sus tantos conceptos, principios y fundamentos, como lo es el inconsciente, así como la enseñanza de su clínica en sus cinco casos paradigmáticos, como es el caso Dora.
Una frase que me permite pensar la importancia del tratamiento psicoanalítico, es la que dijo Sigmund Freud: “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”.
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