Por Jesús Antonio Martínez Carrasco
Dentro del seminario de Formación de Psicoanalistas que se realiza del Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica INEIP A.C., se abordan distintos temas y fenómenos que encontramos en la práctica psicoanalítica. Entre todo ese inconmensurable repertorio de fenómenos psíquicos, que es como llamamos a las expresiones que provienen del alma y se manifiestan en conducta y estados afectivos, hay uno que atrae mi atención y que desde que lo escuché por momentos me causó aversión. La cobardía.
La valentía le pertenece a la mujer
Al hablar de la cobardía como cualidad y tendencia psíquica, eventualmente encontrada más en el hombre —lo que en ocasiones nos podría llevar a pensar que psíquicamente, somos nosotros los cobardes—, luché para que esta palabra no se escapara, así como así de mis pensamientos, pero tampoco era posible escabullirme de ella. ¡Qué ironía!
Empecé a investigar sobre el origen de la palabra, algunos ejemplos de la historia, a observar con mayor rigor el fenómeno en mi análisis personal y en la clínica con otros, así como en mi vida cotidiana y en aquellos que me rodean, en especifico en los hombres de mi familia.
Una acción tan simple de ir a consultar el origen de una palabra me provocó abrir los ojos como luna llena para torcerlos después. La palabra cobardía proviene del francés antiguo “COUARD” la cual a su vez nace del latín “CAUDA” que significa cola. COUARD se usaba para describir la actitud de los animales, específicamente del perro y del lobo pues estos esconden su cola entre las patas al sentir miedo. ¡Vaya imagen para describir esta palabra!
Mirarlo o voltear a otro lado
Me pareció chocante al leer las primeras veces el origen de la palabra. Para mitigar lo grotesco, me conté un chiste: —lo bueno que los humanos no tenemos cola—. Sin embargo, entendí a lo que se refería esa imagen que me evocó, tener miedo, carente de valor, falta de determinación para afrontar los desafíos y negar la responsabilidad de los propios actos.
Al adentrarme a la exploración de esta palabra y su acepción, me llegaron varios ejemplos que podrían describir bien este fenómeno. La religión, la literatura, la música, y para no ir muy lejos, nuestra vida cotidiana también nos dan cuenta de ello. En la religión católica, ¿Quién no conoce el acto de lavarse las manos de Poncio Pilato? O la afirmación de tres veces de no conocer a Jesús por parte de Pedro.
El romanticismo una forma de vencerla
Respecto de la literatura recordé un fragmento del libro El laberinto de la soledad, que leí hace un poco más de 20 años, donde Octavio Paz habla de “RAJARSE” como una actitud vulnerable, que es una traición a la propia identidad. También vino a mi mente la canción del artista español Chiquitete que a la letra dice: “Esta cobardía de mi amor por ella, hace que la vea igual que una estrella, tan lejos tan lejos de la inmensidad, que no espero nunca poderla alcanzar”.
Es mucho más fácil decir y señalar los actos que denotan cobardía en los personajes populares o conocidos en la historia, pero cuando el fenómeno es cercano a nosotros o nos atañe a nosotros mismos, la entidad psíquica el Yo, echa a andar una de sus funciones que es la encargada de su estabilidad interna, la denegación, de ahí que esta se vuelva omitible, olvidadiza o negable, incluso se exprese en actos propios de un canalla.
Continuará el próximo miércoles…
