Por Gloria Cruz González
En la nota anterior les compartí el caso de una mujer—de quien guardé su identidad—víctima de violencia por parte de su esposo, hechos de los cuales sus hijas adolescentes fueron testigos. Sin embargo, al momento de declarar ante la autoridad, una de ellas decidió negar los hechos. Antes de continuar he de realizar una precisión, pues me percaté que cometí un desliz en la interrogante con la que cerré la nota del sábado, que a la letra decía: “¿por qué habrá decidido quedarse con el padre y declarar a su favor?”, cuando la joven no declara “a favor del padre”, ella se limita a negar los hechos.
La precisión en la escucha
Me auxiliaré de este error para dar dirección a la presente nota, pues el otro camino para elucidar la conducta de la joven nos está vedado, pues de tomarlo nos llevaría a realizar interpretaciones arbitrarias. Por otro lado, este nuevo rumbo me permitirá darle visos de lo que una psicoanalista realiza en la intimidad del consultorio, así como mostrarles una de tantas diferencias con el ejercicio terapéutico de la psicología.
Para quien no está entrenado en el método psicoanalítico podrá caer fácilmente en una deducción apresurada, tal como me sucedió en la interrogante, interpretar que la joven por el echo de negar lo que sucedió, implicaba que estaba a favor del padre. Pero si algo nos ha heredado la teoría freudiana, es que la entidad psíquica, el Yo, sólo trabaja para sí misma.Por eso es por lo que no le preguntaríamos a la paciente: ¿por qué se puso de lado del padre?, sólo la instaríamos hablar más al respecto, ya que tomamos el evento, en este caso, la negación como un eslabón de un proceso de pensamientos.
Traición y dinámica psíquica
Así mismo nuestra joven no es ajena a los estados afectivos que se establecen desde la tierna infancia con la madre. Aquí posiblemente algunas almas bellas se vean ofendidas, pues, aunque se trata de un hecho puede resultar chocante hacer hincapié que los afectos amor y odio confluyen simultáneamente, y en una armonía particular, con la madre. Cuando la dinámica psíquica entre madre e hija o hijo según sea el caso, alcanza expresión, el observador puede percatarse de ello, a menos que decida negar el afecto odio en las relaciones amorosas. Esto podré desarrollarlo en otra ocasión.
Con el fin de explicar lo que posiblemente entró en juego para que la joven negara los hechos, echaré mano de algunos valores sociales caídos y de otros nuevos. Si tomamos en cuenta la corriente feminista, el acto de la joven es de “traición a su género”, de “traición a la madre”. Podríamos argumentar que el padre la coaccionó o persuadió, empero la experiencia clínica nos hace suponer que las condiciones psíquicas en la adolescente, en su relación con la madre estaban dadas desde hace mucho tiempo.
Hemos de tomar en cuenta que no estamos incluyendo la dinámica psíquica con el padre, lo que también pudo influir: el amor hacia él o su idealización, de esto sabemos muy bien las hijas y mujeres —lo que somos capaces de negar, en aras de sostener el objeto de amor—. Para muestra hay muchos botones, basta con prestar oídos de cómo muchas víctimas justifican a su agresor.
*Esta colaboración forma parte de la columna Consultorio del alma, cuenta conmigo.
