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Andador de Letras. Maneras de dirigir una orquesta | Última de dos partes

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Joel Bulnes

Pongamos otro ejemplo interesante para ilustrar la diferencia entre dirección y conducción, sin salirnos mucho del contexto. En inglés, un músico o un actor o actriz son, traduciendo literalmente, “jugadores” (players). Sin embargo, para nosotros, un jugador es un deportista o de plano un vicioso de los juegos de azar, y no alguien que juega y se divierte haciendo música o interpretando un papel en el teatro, o frente a una cámara, en el cine.

Menciono lo anterior, porque me fascinan las palabras y me intrigan las repercusiones que su uso tiene o puede tener en la vida práctica. Pero dejemos las palabras a un lado. Tampoco digamos más acerca de la célebre tiranía que por años caracterizó a los directores de orquesta. 

Sigamos hablando sobre las maneras o estilos que existen para dirigir una orquesta, que es el tema que nos incumbe en este artículo. Establezcamos, simplificando burdamente, dos formas opuestas de hacerlo, admitiendo que hay muchos grados entre ambos extremos. 

Se puede dirigir una orquesta despeinándose, o se puede dirigir una orquesta sin despeinarse (o casi). De un lado, los que practican el aspaviento y hasta saltan en el podio, y del otro los partidarios de la discreción y la mesura. De un lado, el célebre Leonard Bernstein que sudaba como loco después de dirigir una sinfonía, y del otro, uno de sus discípulos más legendarios: Herbert Blomstedt, hoy de 97 años.

Bernstein era una admirada celebridad que vivía justo enfrente del Carnegie Hall en Nueva York, cuando el joven Blomstedt llegó a pedirle que le enseñara los secretos de la dirección orquestal. 

Blomstedt admiraba la libertad y la espontaneidad de Bernstein, pero en el fondo eran personalidades opuestas y, por lo tanto, su estilo de dirección no podía ser el mismo. Herbert jamás podría dirigir del modo cuasi bestial que practicaba Bernstein. 

Blomstedt, que hasta fechas recientes era capaz de dirigir una orquesta, era partidario de un estilo de dirección mucho más discreto que el del renombrado maestro. A los sensibles ojos de Herbert, el maestro debió parecer un grosero “showman”. 

Creo que no hace falta indicar mi marcada preferencia por el estilo del sueco Blomstedt. ¿Por qué? Porque pienso que el podio es un sitio que nos obliga — al igual que un escenario— a guardar cierta compostura. “Moderación en todo” decía Hamlet a sus actores, particularmente en los momentos de mayor dramatismo. 

Cervantes, en boca de Maese Pedro, dice “llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala”. ¿No deberíamos tomar muy en cuenta estas recomendaciones viniendo de quienes vienen? Las enseñanzas de Shakespeare y de Cervantes me parecen válidas no sólo para los actores, sino también para todos aquellos que aparecen sobre un escenario y se presentan ante un público, incluidos los músicos y los directores de orquesta. 

Bueno, hasta aquí llegamos.
 

Semblanza

Joel Bulnes. Articulista, dramaturgo y titiritero oaxaqueño. Ha escrito varias obras de teatro entre las que destacan "Veneno de broma" y "La terrible tragedia del Emperador Maximiliano de Habsburgo". Es autor del libro "Teatro breve y conversaciones crueles" (SECULTA, 2016).

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