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Andador de Letas: Murmullos marinos de un vaivén somnoliento | Última de dos partes

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Foto(s): Cortesía
Redacción

Alicia de Gyves

Durante 1938, Francisco Ángel Gutiérrez vivió en Xalapa, Veracruz. Las mañanas húmedas le permitían inspiración para perfeccionar su técnica; estaba a cargo de los frescos de la Escuela Normal de Jalapa, era promotor cultural y daba clases en la Escuela Popular de Arte, instituto que él mismo había organizado dos años atrás en un interés genuino por enseñar a quienes, como él en un inicio, eran trabajadores y pertenecían al sector popular.

Dicha iniciativa coincidió con la mirada que el presidente Lázaro Cárdenas tenía con respecto a la transformación del país. Por lo que, inspirado por las narrativas creadas en torno a la imagen de la tehuana y su simbólica presencia a nivel nacional, Francisco emprendió un viaje a las costas del Istmo de Tehuantepec, con el fin de documentar su traje regional.

En diidxazá tenemos una palabra para hablar del mar: nisado’; en español castellano puede traducirse como agua inmensa. Son las vivencias de Gutiérrez tanto en la mar del Atlántico como en el Pacífico las que dan pie al retrato de una mujer que funge como arista en un océano imaginario.

Un pasaje mítico está teniendo lugar en un cuadro de sesenta por cincuenta centímetros. 

Las somnolientas pinceladas descansan horizontalmente y nos invitan a dejar flotar nuestro cuerpo por la caleta marina. El amarillo solar acaricia el piélago oceánico a través de un cielo de pequeñas nubes púrpura grisáceas al fondo. Al mismo tiempo, la mujer entona un hipnótico canto de labios cerrados mientras observa cómo la mano derecha va deshilando su piel. 

La mar se muestra nostálgica ante la íntima metamorfosis: una sirena cubista está naciendo. La mitad izquierda de su cuerpo está a barlovento de la brisa salina; es sostenida por un escollo y una pequeña albufera de agua verdosa que la envuelve suavemente. La arena de la bahía parece brotar de su cintura. Los olanes de la enagua rojiza sólo descubren sus tímidos pies.

El cuerpo carnoso se resigna a morir, la transformación de su lado izquierdo comienza a propagarse por el resto de la piel; izquierdo, al estilo cubano. El desvanecimiento del cuerpo vivo, también es un cálido abrazo entre dos posibilidades: mujer, símbolo; las dos caras de ella misma. Son mutaciones en un vaivén somnoliento, transformaciones de murmullos marinos que arrullan, que arrollan.

Semblanza

Alicia de Gyves es originaria de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Se ha formado profesionalmente en Gestión Cultural. Es ganadora del Primer Concurso de Poesía de la Universidad La Salle Oaxaca. Su videocápsula “Xquipi’: Metáforas de un territorio heredado”, fue seleccionada por el V Congreso Internacional de Interculturalidad Red ODUCAL, en la cual aborda la relación con su raíz zapoteca y la búsqueda de recuperar su lengua por medio de la compañía de su abuela materna. En 2024 participó como ponente en el Primer Coloquio y Seminario en Pensamiento Artístico aplicado a la Pedagogía, coordinado por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

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