Por Joel Vicente Cortés
La Revista Poets & Writers. de Nov-Dic.25., publica un artículo de Yiming Ma., sobre la inteligencia artificial (IA). Yiming es autor de These Memories Do Not Belong to Us= Estos Recuerdos No Nos Pertenecen (Mariner Books, 2025), Nacido en Shanghái, estudió su posgrado en la Universidad de Stanford. Sus relatos y ensayos han aparecido en The New York Times, y otros medios. Frente a los temores de unos, alabanzas de otros y rechazo de los más, respecto al uso de la Inteligencia Artificial (IA) muy de moda en algunos segmentos de docencia y academia, me pareció importante intentar un ejercicio de análisis crítico y compartirlo en este espacio, tomando algunas partes del articulo con algunos comentarios al final de párrafos del autor en mención.
Dice Yiming: “Cuando ChatGPT apareció por primera vez, me sentí inquieto. Como muchos escritores y docentes, me pregunté: ¿será éste el final? Si una máquina puede escribir —si puede producir oraciones elegantes, tramas coherentes, incluso poemas decentes—, ¿qué lugar queda para nosotros? En las redes sociales, muchos declararon la muerte del arte, mientras otros vieron una oportunidad. Algunos…escritores comenzaron a “entrenar” sus propias herramientas de IA, alimentándolas con sus escritos para generar versiones alternativas de sus propios estilos. Otros protestaron, afirmando que la IA roba lenguaje, plagia voces humanas, y lo hace sin remordimiento.”
-La ansiedad tecnológica del escritor: Creo que el párrafo inicial muestra lo que se denomina como la angustia de la eficiencia: la sensación de que la productividad de IA vuelve obsoleta la creación humana. Y aparece una “ansiedad del reemplazo” que —ya existía con la imprenta o la fotografía—, pero en la IA amenaza no solo el oficio, sino la identidad del autor.
-Tensión entre apropiación y autoría: El texto plantea el dilema ético de la “alimentación de modelos” con obras y escritos. Desde la perspectiva del derecho de autor, pero Yiming apunta a algo más de fondo: la IA no roba frases, sino formas de pensar.
-La IA como espejo de conocimiento: Cuando Yiming afirma que quiso aprender de la IA, sugiere un traslado del rol del escritor hacia un espacio de diálogo con la tecnología. En lugar de competencia, surge una relación de reflexividad: la máquina se convierte en una herramienta hermenéutica que devuelve al escritor una imagen de sus propios estilos.
Continua Yiming: “ Pedí a ChatGPT que escribiera una escena de amor entre dos personajes que había creado. La respuesta fue sorprendentemente fluida, aunque genérica. El diálogo sonaba como si hubiera sido tomado de mil películas románticas. En su torpeza había algo revelador: me mostró las convenciones que yo mismo estaba repitiendo sin notarlo. Así comprendí que la IA no destruye la originalidad; la expone. Si una máquina puede imitarnos tan bien, tal vez nosotros mismos ya somos, en parte, máquinas que imitan.”
-La máquina como crítica literaria involuntaria: La IA actúa aquí como un dispositivo de des-automatización al reproducir clichés, los visibiliza. Lo que para otros escritores es amenaza, Yiming lo convierte en diagnóstico de los límites de la imaginación individual en una cultura que repite de narrativas.
-Autocrítica y método: En términos pedagógicos, el experimento de Yiming puede leerse como una propuesta metodológica para talleres de escritura: usar IA no para generar textos, sino para detectar patrones inconscientes del propio estilo.
-La paradoja del espejo digital: En su fracaso por sentir, la IA permite al escritor redescubrir la humanidad de su propio acto de escribir. Desde una perspectiva hermenéutica, el error de la máquina se vuelve pedagógico: su incapacidad ilumina el valor de la incertidumbre en el proceso creativo.
-La IA como dispositivo de edición: Con su uso prueba ritmos o genera variaciones de estilo revela la emergencia de un poemario asistido por algoritmos, donde la escritura resulta dialógica. Esta figura del “editor invisible” es clave para entender las futuras conexiones del texto literario.
-Humanismo excedente: En la afirmación final, “ninguna máquina puede decirme por qué vale la pena escribir”, rescata una frontera ética: el para qué frente al cómo. Desde la teoría crítica (Horkheimer), esta distinción preserva la autonomía del arte frente a la lógica instrumental de la técnica.
Cierra Yiming: “Hoy, sigo utilizando herramientas de inteligencia artificial, pero no como sustituto, sino como compañero de laboratorio. Le pido que me dé diez finales posibles para una historia, o que me invente nombres para personajes secundarios. En ese sentido, la IA se ha convertido para mí en algo parecido a un editor invisible: un lector paciente, siempre disponible, que no se cansa de mis dudas. Pero también un recordatorio de que ninguna máquina puede decirme por qué vale la pena escribir. Esa respuesta —la del propósito, no la del proceso— sigue siendo profundamente humana. Tal vez, dentro de unas décadas, leeremos novelas escritas por IA y las disfrutaremos sin culpa, igual que hoy apreciamos fotografías digitales que ningún ojo humano tomó. Tal vez la distinción entre lo humano y lo artificial se vuelva tan borrosa que ya no importe. Pero, por ahora, sigo creyendo en el acto de escribir como una forma de resistencia: resistencia al olvido, al ruido, a la homogeneidad estadística del lenguaje. Escribir es seguir afirmando que hay algo en nosotros que no puede calcularse, aunque pasemos nuestras vidas intentando describirlo.”
Síntesis final del ensayo. Yiming Ma ofrece una reflexión calmada pero incisiva sobre el papel de la IA en la escritura creativa. Lejos del alarmismo xenofóbico o del entusiasmo ingenuo, su posición es reflexiva: la IA como espejo crítico de la creatividad humana.
