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Taxistas en Oaxaca siguen burlando filtros sanitarios

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Antonio está seguro que es hábil para evitarse una multa por conducir su taxi foráneo con cinco pasajeros, pero también ha comprobado que las autoridades encargadas de regular el transporte público son miopes en temporada de contingencia por la COVID-19.


“¿Todos van hasta la Central de Abasto?”, cuestiona con voz fuerte y apresurada antes de llegar al cruce de la carretera federal 190 con el acceso a Hacienda Blanca. Tres pasajeros aceptan en silencio el cambio de ruta, pero dos le advierten que descenderán en la Calzada Madero, en la periferia del Centro Histórico.


“Ahorita los dejo ahí, sólo voy a evitar el operativo”, aclara mientras enfila su taxi hacia el acceso a San Lorenzo Cacaotepec, pero metros antes gira la unidad a la izquierda para conducir en un tramo accidentado a falta de asfalto, llegar a riberas del río Atoyac y volver a girar a la izquierda para incorporarse de nuevo a la carretera federal 190.


Satisfecho, Antonio se limpia el sudor con el antebrazo derecho. La mañana es fresca, pero para un hombre de 44 años con sobrepreso y que empieza a trabajar con el alba, el calor ya aprieta.


Su mascarilla desechable la porta, pero como collar porque, aunque cree en la existencia del SARS-CoV-2 duda de su letalidad y él tiene que completar el gasto diario de una familia de cuatro integrantes, después de pagar la cuenta del propietario del taxi y el combustible de 10 o hasta 12 horas de trabajo.


Necesidad ataja miedo a contagio o multa


“Me hago alrededor de ocho vueltas”, relata un hombre que en su ir y venir continuo del Valle de Etla a la ciudad de Oaxaca comprueba que la gente sigue sin quedarse en casa, a pesar del llamado del gobernador Alejandro Murat a iniciar un aislamiento total el pasado viernes.


“Nos pega que cerraron tres días el Mercado de Abasto o que no todas las personas salen a trabajar o a la escuela. A las 10:00 de la mañana casi no hay pasaje y somos un montón de taxis, sin contar los piratas (que carecen de concesión)”, dice un hombre que considera las medidas de prevención “se quieren poner desde un escritorio”.


Y de inmediato hace cuentas. Si a su unidad sube cinco pasajeros puede cobrar en conjunto 75 pesos y ese viaje le implica consumir dos litros de gasolina por la que pagará 36 pesos, “apenas obtengo la mitad de ganancia”.


Si en vez de cinco pasajeros debe llevar tres, de pasaje “apenas y cobro 45 pesos, pero tengo que pagar lo mismo de gasolina y no entienden que a veces tenemos que regresarnos vacíos porque no hay pasaje”, dice en franco desacuerdo con una medida que se quedó en el intento.


La falta de coerción y operativos suficientes de las autoridades, le permiten a Antonio que como la mayoría de conductores la necesidad de conseguir ingresos puede más que endebles medidas de prevención en el transporte público foráneo.


“Nos pega que cerraron tres días el Mercado de Abasto o que no todas las personas salen a trabajar o a la escuela".


Antonio, taxista


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