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Taxista se blinda contra COVID-19 para no dejar de trabajar

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Desde que el país se sumió en la contingencia por los incipientes casos de COVID-19, Heriberto Mestas empezó a idear la forma de no interrumpir su trabajo como conductor de un taxi, uno de los espacios de uso común más propensos a contagios.


Sin esperar a que una autoridad le obligara a tomar medidas o que alguien más le ofreciera soluciones, entre otros tres compañeros del volante ideó la forma: instalar una barrera de plástico transparente que impida el contacto físico entre pasajeros y conductor, sin que dé una sensación de encierro o aislamiento.


Al principio, su iniciativa lo hizo el centro de burlas y criticas, señalándolo de exagerado. Ahora que Oaxaca inicia junio tras una agobiante cifra de casos confirmados en mayo, hay quienes le preguntan los pasos que siguió para emularlo. 


Con poco presupuesto


El primer paso fue buscar la ayuda de un herrero que hiciera un marco que coloca a la mitad del interior del auto, detrás de los asientos delanteros, el cual se fijó lo mejor posible a la carrocería. 


“Otros compañeros intentaron pegar el plástico con cinta canela o de enmascar (masking), pero si manejaban con los vidrios abajo el aire hacía que se cayera”, recuerda.



En cambio, Heriberto prefirió invertir 800 pesos en el marco y un plástico grueso que colocó con la ayuda de un amigo que se dedica a elaborar lonas. El plástico se pudo sellar a la estructura con una pistola de aire caliente. Hay una abertura para que el conductor reciba el dinero del pasajero.


Desinfección constante


Otra medida que implementó fue retirar la alfombra del piso y sustituirla por vinil que puede limpiar o lavar con facilidad con cloro, “sin riesgo de que se quede algún virus”.


Además, trae gel antibacterial que ofrece a cada pasajero antes de subir a la unidad e incluso mascarillas desechables por si alguien olvidó la suya.


“La mayoría de pasajeros ya trae cubrebocas y son ocasionales quienes no usan, si les ofrezco sólo uno de cada dos la rechaza”, dice consiente que si no busca la medida de disminuir el riesgo en un trabajo informal sin acceso a seguridad social.



Herminio no se queja, pero tampoco admite lo adverso del panorama para un hombre de 45 años que sólo concluyó la primaria y cursó un par de años en la secundaria, lleva 23 años como conductor de un taxi, sin lograr aún una concesión propia.


La contingencia hizo que a la unidad número 435 que conduce, en el Sitio Revolución, en vez de 12 o 15 personas que al día le solicitaran un viaje, ahora sean ocho o con trabajo 10, aunque tenga que trabajar las ocho horas, empezando desde las cinco de la mañana.


Entre gastos y pago de gasolina, al día puede llevarse 150 o 200 pesos, porque la dueña del taxi le redujo la cuenta casi al 50 por ciento.


“Se burlaban porque me decían que era paranoico y era mucha exageración e incluso había gente que al ver el taxi no lo abordaban y otros me felicitaban”, expresa con la satisfacción de llevar kilómetros de ventaja en una carrera contra la COVID-19.



 

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