Además de la omisión que enfrentó con su médica familiar para que le diagnosticaran cáncer de mamá, Rosa I. se ha enfrentado al retraso en su tratamiento oncológico por falta de medicamentos en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Oaxaca.
Descubrir que a sus 44 años tenía una bolita en su seno derecho, hizo que en 2018 Rosa le expusiera a su doctora familiar del IMSS su inquietud, pero sólo le indicó que se trataba de grasa, sin que le enviaran a realizar estudios.
Como al año siguiente el problema persistía, Rosa optó por realizarse una mastografía de manera particular y con los resultados acudió nuevamente con su médica familiar, quien descartó algún problema.
A finales de 2019 a Rosa le comenzaron a doler los senos y sentir que eran más grande de lo normal, pero no acudió al consultorio de medicina familiar que le correspondía porque no quería las mismas evasivas de su doctora, sino directamente al área de medicina preventiva.
Cáncer en grado tres
Desde que entró a consulta, la enfermera que la revisó detectó que en el seno de Rosa algo estaba mal y la doctora que la revisó lo confirmó, así que la envió a realizar estudios que ella costeó de manera particular.
A finales de enero a Rosa le pudieron realizar una biopsia en el Hospital General de Zona número Uno del IMSS y el diagnóstico la cimbró: cáncer de mama en etapa tres, uno de los cinco estadios que mide la gravedad de este padecimiento que hasta la semana 10 de este año se había diagnosticado en 95 mujeres en Oaxaca.
Iniciar con el tratamiento para evitar que el cáncer siga avanzando fue su prioridad, no quiso entretenerse en iniciar una queja contra la médica familiar que pasó por alto los signos de alarma en Rosa, pero acceder al tratamiento ha sido un nuevo suplicio.
“Mi primera quimioterapia me la debían realizar el 21 de febrero, pero se retrasó dos días porque no había medicamento”, relata una mujer que lleva esperando otros 10 días porque la epirrubicina volvió a escasear.
Quizá por ser “nueva” paciente oncológica no sabía la espera a la que se debía enfrentar para acceder al medicamento que trajo reacciones negativas a su organismo, como vómito, lesiones en la boca y cansancio extremo.
“Es bastante desgastante, se siente uno cansadísima, no da hambre, ni ganas de beber agua”, malestares que le duraron 10 días antes de su siguiente quimioterapia que debió recibir el pasado 13 de marzo.
Las quimioterapias deben ser cada 20 días, pero hace 10 días volvió a faltar el medicamento en el hospital, lo que implicó que Rosa volviera a repetir las vueltas anteriores sin éxito, porque no ha tenido una respuesta favorable.
Lo único que le responden es que “el Seguro Social no ha pagado al proveedor y no saben cuándo tendrán medicamento”. Para no prolongar el atraso por la falta de epirubicina, personal del propio IMSS les sugirió adquirirla por cuenta propia e incluso la contactaron con su proveedor.
“Le llamé al proveedor desde la semana pasada y aceptó venderme 10 frascos a mil 880 pesos cada uno, yo sólo necesito tres, pero hay otra paciente que va a iniciar su tratamiento y podemos juntarnos, el problema es que por la contingencia del COVID-19 no saben si van a poder importar el medicamento y el vendedor ya no nos ha resuelto”, cuenta con preocupación.
Rosa ya comprobó que ese medicamento oncológico no está disponible en farmacias especializadas en Oaxaca y la opción más cercana es comprarlo por internet en la ciudad de Puebla a 3 mil 300 pesos la pieza, lo que implicaría un gasto de 10 mil 300 pesos por los costos de envío.
“Ese dinero no lo tengo y no puedo ni pedirlo prestado”, expresa una mujer para quien la falta de medicamentos oncológicos en el IMSS se ha vuelto un proceso angustiante que le mata las esperanzas de vida.
