De los 32 hospitales que operan los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO), sólo el General Doctor Aurelio Valdivieso en esta ciudad cuenta con equipo para detectar el cáncer de mama.
Ese, junto con el Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca, que se ubica en San Bartolo Coyotepec, son los únicos a donde las mujeres sin seguridad social pueden acudir a realizarse la detección de este tipo de cáncer que en el año ha provocado 84 defunciones.
Durante el 2018 este mal le quitó la vida a 129 mujeres, la mayoría en etapas avanzadas. Para ellas la detección oportuna nunca llegó.
Subregistro
La responsable Estatal del Programa de Cáncer de Mama de los Servicios de Salud de Oaxaca, Nancy Doroteo Castillejos, reconoce que además de la cifra oficial hay un subregistro, quizá unas veinte defunciones al año que no se registran como tal, sobre todo en comunidades rurales.
“A veces se asienta en las actas de defunción que murieron por vejez o muerte natural, cuando tenían ya el seno destrozado”, lamenta.
Ese subregistro evidencia que todavía “hace falta acercar los servicios a comunidades alejadas”.
Aunque se tienen cinco unidades móviles para llegar “hasta donde las carreras lo permiten”, si quien realiza las tomas de mastografías es un técnico radiólogo “las mujeres no se quieren descubrir el seno o por machismo o porque el esposo no les permite hacerse el estudio".
Déficit de personal especializado
El problema mayor es la falta de personal o que se carece de equipo para la detección y el tratamiento de cáncer de mama.
“Lo ideal es que todos los hospitales tuvieran mastógrafos y personal certificado nos ayudaría mucho”, pero en vez de ello Oaxaca tiene un déficit de especialistas radiólogos con entrenamiento en mama y mastógrafos para hacer buenas tomas”.
Limitaciones
Ese déficit y limitaciones en el sistema de salud pública lo descubrió Soledad a la par del cáncer de mamá en etapa cuarta.
En febrero de 2017 acudió al Hospital General de Zona Número Uno del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a realizarse una mastografía por la bolita que le apareció debajo de su seno derecho, pero el equipo estaba descompuesto.
Pagar por los servicios privados fue la única solución, lo que implicó pagar unos 50 mil pesos que incluyeron la biopsia y tomografías contratadas.
Lo que ya no pudo costear fue el tratamiento de quimioterapia, radioterapia o cirugía y el tratamiento hormonal, que le saldría entre 500 a 600 mil pesos, así que regresó al IMSS.
“Las palabras de la doctora que me dijo que estaba en etapa cuatro y me quedaba uno o dos años de vida fueron muy duras”, pero Soledad no se dejó vencer y hace tres meses consiguió su primer estudio limpio de cáncer.
En septiembre volvió a su trabajo después de dos años de ausencia.
Su fuerza y entrega a su vida le impidieron convertirse en una de las 129 mujeres que fallecieron por cáncer de mama en el 2018 o de las 84 en lo que va del año.
