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Rostros, telar y manto

Foto(s): Cortesía
Redacción

"No soy un ave, nunca podré volar".


Tendríamos que desestigmatizar la simulación, cualquier simulación es mejor que la apatía. Mejor es hacerse acompañar y acompañar. Cuerpos que se acompañan, como en una marcha, cuerpos que representan a otros cuerpos que están imposibilitados a presentarse, que no pueden salir a marchar. Intentamos describir, nombrar el aparato, la máquina de producir que aplasta nuestros cuerpos. Lo que no se nombra, no existe. Intentamos construir nuestros propios mecanismos de consagración, nuestros propios campos de validación, mujer, territorio, mujer salvaje, mujer volcán, mujer temblor, mujer playa. Tenemos ardores en el cuerpo, el deseo nos hace pulsar, reorganiza nuestros sentidos.



Nada hay más político que el acompañamiento. Comprometerse es acompañar, cuidar el deseo del otro, de la otra.


Estas frases aparentemente sueltas, las escribí en mis notas mientras observaba el trabajo de mis compañeras en "Rostros, telar de unipersonales", un trabajo en el que camino de la mano de Susana Frank de Teatro Laboratorio La Rueca; juntas unimos complicidades para cuidar esta potencia creadora de las mujeres.


Aquello que nosotras llamamos deseo, el deseo que nos impulsa, que nos mueve a seguir creando, a construir desde los lenguajes que abrazamos para sostener nuestra presencia en el mundo. Partimos de la invitación a las mujeres que hacen teatro, a conectarse con una mujer creadora, de la historia, de su historia, para nombrarlas y ver sus ROSTROS. Cada una de las participantes había de trabajar un video que resultara de la exploración de imagen, texto y presencias de objetos significantes.


Esto nos enfrentó a incontables obstáculos


Provenimos de un campo escénico que está aprendiendo a relacionarse de una manera más horizontal con la tecnología; la pandemia que aún prevalece en el mundo, obligó a quienes vivimos de hacer teatro, a un ejercicio de adaptación darwiniano en donde nos volvimos cuerpos líquidos que se trasminan a una pantalla digital. Pero ROSTROS se volvió el espacio de resistencia para reactivar la memoria y mostrar el archivo que cada una somos, conectadas a la distancia, trabajando, construyendo, compartiendo sostenidas por esta arquitectura digital.


Rostros me ha enseñado que el afecto y el acompañamiento son hoy por hoy la gran potencia política y creadora. El telar que hilamos juntas, es un entramado dinámico y rico con potencial estético, pues somos conscientes de que elegimos las prácticas escénicas como un espacio para articular, tanto afinidades como descontentos con el mundo y por eso es a la vez documento y un manto de colores tan diversos, que reflejan nuestras vulnerabilidades.


Invitación


Una vez más, las mujeres sostenemos la mirada de frente a nuestros temblores. Entregamos este telar como una ofrenda en un acto de devolución y herencia para aquellas mujeres que nos compartieron su andar y como herencia para aquellas que no han nacido. Mujeres creadoras que renombramos con sacralidad a partir de nuestros cuerpos. Eso es ROSTROS, estén pendientes porque este próximo 8 de marzo, ustedes pueden acercarse y mirar con detalle todos los pliegues.


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