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Rostros: Elena garro, el revés de la memoria

Foto(s): Cortesía
Redacción

Pienso en Elena como símbolo de lo femenino en su complejidad, una mujer que vivió en un contexto en el que era difícil asumirse libre siendo mujer. Más allá de las controvertidas perspectivas sobre su papel político en uno de los momentos más dolorosos para nuestro país, llama mi atención su postura poética. Me inquieta la manera en la que puede internarse en las distintas calidades de su realidad, la forma en que se sumerge en la vida para ofrecernos una sustancia profunda de lo cotidiano.


Elena y yo


Este es mi grito en medio del silencio. Aquí hay un lugar para tí, Elena. En nombre de todas las mujeres que viven luchando sin obtener victorias entre el amor y el odio, las que se avergüenzan y reniegan de sus errores, porque se han negado el perdón. Aquellas que van recogiendo las trampas en las que han caído.



Las que crían a sus hijas únicas con lo que tienen, las que se complican y escriben desde el coraje, desde las heridas y el hogar en el que sólo se tienen a sí mismas, las que aman con pasión y no pueden ver el verdadero rostro de su verdugo, las que reconocen su frivolidad porque tienen derecho a ella y también a renegar de ella.


Una sola escribe su historia, el mapa único, la constelación en la que se lee una vida, uniendo los puntos de luz y la sombra entre ellos, donde el vacío que es continente sin caminos trazados porque, para darle significado a la unión de los puntos, los ojos que miran necesitan referenciarse en sus propios contenidos y en los parámetros que han colonizado sus mentes y han pervertido sus almas.


El abrazo


¿Quién dijo que las historias que merecen contarse son solo las que deifican, honran y reconocen a heroínas, guerreras, sacerdotisas, sabias, científicas, brujas… a aquellas que vencieron cualquier idea de destino, las que han regalado a la humanidad algo sublime, necesario, indispensable?


Honro a Elena, su profunda humanidad, la tragedia que oculta y la paradójica manera en que se muestra descarnada en su obra.


Elena, ¿quién quiere escuchar lo que molesta, lo que incomoda? Tú encarnas tan bien el discurso que no queremos oír, pero, es preciso reconocer. Una mujer adelantada a su tiempo en muchos aspectos, expresó su pensar, estudió, escribió y cuyo lastre fue su propio sentimiento de indefensión, su renuncia, sus vacíos…


Tomo tu mano, Elena, cuanto menos extraordinaria, cuanto más defectuosa, cuanto más silenciosa más presente en tu creación, cuanto más oscura más clara, cuanto más cruda más irreal y fantástica, cuanto más llena de monstruos más llena de ángeles, cuanto más solitaria más entrañable en la compañía de tu otra Helena, cuanto menos Paz, más paz.


Abandonar es una palabra que a veces viene bien hacer mutis en silencio, entre gatos y humo. Irse entre la bruma, ligera, con apenas el peso del propio cuerpo deshilándose en una danza de tinta y letras.


La invitación


"Humo, la traición de lo aparente", inspirado en Elena Garro, forma parte de Rostros, telar de unipersonales. Estén pendientes porque el próximo 8 de marzo, las mujeres que integramos este proyecto entregaremos un telar como ofrenda a ocho mujeres creadoras que nos compartieron su andar, y como herencia para aquellas que no han nacido. Ustedes pueden acercarse y mirar con detalle todos los pliegues de este lienzo.


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