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"¡Que vacaciones ni qué nada!"

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

"Aquí ya valió, ya valió, ya nos vamos, a ver cuándo volvemos", dijo Irineo Santiago, 58 años, con una gorra de las Chivas del Guadalajara, un sombrero de palma colgando de su maleta negra de rueditas, una caja de ropa en el otro brazo.


Detrás de él iba toda su familia: su esposa, sus dos hijos, de entre 12 y 18 años, una niña de seis. Todos con cubrebocas azules viejos.


Esperaban salir a las 10 de la noche de la Terminal de Autobuses de Pasajeros de Oriente (TAPO) para Juchitán, Oaxaca, y apenas era el mediodía.



De allá son, pero viven el Ciudad de México. Se iban porque Irineo Santiago lo "descansaron" del trabajo en una obra.


"Sabe, un mes, dos meses, lo que dure el virus", expresó sobre el tiempo que estaría fuera.


Al inicio de lo que iban a ser las vacaciones de Semana Santa, las salas de terminales de autobuses parecían igual a la de otros días. No abarrotadas, pero con gente.


Con anuncios que prohibían sentarse cerca unos de otros: "Asiento inhabilitado. Toma tu distancia. Cuídate y cuídame".



Pero los viajeros, que lucían más cansados, como si hubieran pasado la noche ahí o como si no supieran en qué momento iban a irse. No se iban de vacaciones, sino que huían del COVID-19 hacia sus lugares de origen.


"Mi camión salía a las 11 y me lo pasaron a las nueve de la noche", dijo un hombre mayor, de pelo gris y boina y cubrebocas.


"Me pasé todo el mes de marzo encerrado y mi sobrina me dijo 'vente para acá, tío, ¿qué haces allá? Acá no hay muchos enfermos todavía", contó. Y que estaba bien, porque en Oaxaca apenas hay 22 casos.


"Me descansaron en la obra"



Según la Secretaría de Salud, mil 890 personas han sido contagiadas de coronavirus y 79 han muerto en todo el país. Pero la Ciudad de México, con la mayor cantidad de habitantes, tiene la mayor cifra de casos: 384 confirmados y 15 muertos. Así que ayer parecía que todos se iban a donde hay menos gente.


"¡Que vacaciones ni qué nada! ¡Me descansaron en la obra, y a ver hasta cuando regreso", dijo un hombre que se acercó a untarse gel en en un módulo de la entrada.


Iba a Veracruz y arrastraba dos cajas en un diablito y cargaba una mochila e hizo cuentas: "¿En qué fase estamos?". "En la segunda", le dijo el policía que cuidaba el frasco de gel.


"Uno quisiera trabajar hasta cuando ya vea caer a los muertos", bromeó el hombre y lo consoló el vigilante.


Le dijo que también a él ya le dijeron que a fin de mes lo van a descansar.



Menos corridas


Fuera del gel antibacterial en algunos módulos y los cubrebocas que llevaban los viajeros, no se vía ningún otro protocolo prevención.


La encargada del módulo de paquetes turísticos miescape.mx cerró a las dos de la tarde. Dijo que sólo había ido a dar informes.


"Pasamos todos los paquetes de Semana Santa hasta julio, agosto y septiembre, pero estamos a la espera de que las autoridades nos digan que ya", contó.


Encargados de la venta de boletos informaron que hasta ahora no había ninguna orden de cancelar los viajes.


Aunque sí dijeron que se han cancelado algunas corridas.


"Se cancelan porque viaja muy poca gente y no conviene a la línea, entonces los juntan, pero también porque el gobierno no está permitiendo que salgan tantos camiones", dijo una trabajadora de ADO.


En la Central del Sur había más gente y era muy complicado respetar los asientos prohibidos.


También lucían cansados, con desconfianza de hablar y estar cerca a pesar de todo. Entre los pocos que llegaron apareció un hombre que dijo venir de Piedras Negras, Coahuila, deportado de Estados Unidos y preguntaba por la Embajada de Guatemala.


"Ya me quise entregar con la policía para que me deportaran a Chiapas y ya de ahí yo me muevo solo, pero no quisieron agarrarme si no les doy para dos cocas y dos tortas, y no traigo nada", dijo.


Se llamaba Artemio Lorenzo y se puso a pedir limosna.


Un hombre cargando dos cajas y dos maletas quería ir para Copalillo, Guerrero, se demoró en la ventanilla porque se habían cancelados los viajes. Luego busco en otra línea.


"Ya encontré, pero me voy por Cuernavaca y de ahí compro otro para Huitzuco y de ahí a ver cómo le hago".


"A visitar a la familia en estos días porque aquí ya no hay trabajo... no sé, un mes, dos meses. Se canceló la obra y nos dijeron que ya no hay más hasta nuevo aviso", añadió.


Pasaron tres jóvenes cargando maletas gigantes y desconfiados. "Nos regresamos a Guerrero, de allá somos. Aquí trabajamos en lo que caiga, pero ya no hay nada", dijo uno de ellos.


Afuera, taxistas contaron que su trabajo se redujo a la mitad, y que ayer sólo trabajaron los de placas nones y aún así tardaban media hora para salir.


"La gente se esta yendo a sus casas, a sus pueblos, acá se acabó el trabajo, se cerró todo", dijo.


"¡Que vacaciones ni qué nada! ¡Me descansaron en la obra, y a ver hasta cuando regreso".


Testimonio



 

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